Aguantaformo’, dosis: 88.000.000€

Los escándalos que salpican al rey emérito proliferan y el ‘pacto de silencio’ por el cual la prensa acordaba tácitamente no criticarlo se ha ido deteriorando en los últimos tiempos

Imagen: Baraja española, siglo XV (Wikipedia)

Confieso que las intrigas políticas españolas me resultan muy poco interesantes. Oswald Spengler decía que en el Escorial se creó el Estado moderno: “La gran política de intereses de dinastías y naciones, la diplomacia de gabinete, la planificación militar y los calculados movimientos de ajedrez en medio de combinaciones políticas de amplio calado, todo eso procede de Madrid”. De cuando en el imperio nunca se ponía nunca el sol. Pero de eso hace mucho. De la decadencia de España también hace mucho –es más, sigue en marcha– pero algunos se resisten a ver el ocaso porque es en ese momento del día cuando las sombras de los enanos son más alargadas. Nada queda de aquellos “calculados movimientos de ajedrez en medio de combinaciones políticas de amplio calado”, ni siquiera existe ese fútbol cuántico del que hablaba un escribano de La Vanguardia dos semanas atrás.

Hace semanas el diario suizo Tribune de Genève publicó que Juan Carlos I había recibido un pago de 88 millones de euros de Arabia Saudí en 2008, tres años antes de que se cerrase el acuerdo para la construcción del AVE entre Medina y La Meca. La Fiscalía de Suiza investiga si la dinastía saudí pagó 100 millones de dólares a la fundación panameña Lucum –creada por Juan Carlos I en 2008– luego que el consorcio español rebajase en un 30% el coste de su oferta. Conviene refrescarlo, porque en España este tipo de noticias sobre la Casa Real se entierran rápido bajo paladas de silencio. En su momento Gregorio Morán recordó en Voz Pópuli la “inclinación inquietante” del hoy rey emérito “hacia el dinero fácil, ya fuera en el soborno, ya fuera en el papel de intermediario y comisionista”. “Entre que era intocable por pleno derecho constitucional hasta por las características de nuestra transición, la verdad es que él se movía entre lo inviolable, la inmunidad y la impunidad”, agregaba Morán. El miércoles, incluso el portavoz de Vox en el Congreso de los Diputados, Iván Espinosa de los Monteros, afirmaba que Juan Carlos I es “un ciudadano más” y que, como tal, se tendría que someter a la Justicia. La noticia la recogía el muy monárquico ABC. La revista Forbes mantenía que “el ‘pacto de silencio’ por el cual la prensa acuerda tácitamente no criticar a la monarquía se ha ido desgastando a medida que se acumulan los escándalos.” ¿Se acabó lo que se daba?

Raúl del Pozo relataba en El Mundo una conversación con el rey emérito como sigue: “Esta mañana he llamado a Juan Carlos I y le he dicho: ‘Parece que Pedro Sánchez quiere ser presidente de la República’. Juan Carlos I no ha dicho ni que sí ni que no. Ha respondido así: ‘Estoy tomando aguantaformo’.” Uno no puede más que preguntarse en qué dosis. Miquel Payers listaba en el semanario El Temps el sábado pasado –un día después de que À Punt emitiese el documental de ETB ‘El virus de la corona’, que el domingo se pudo ver en TV3– otros escándalos en los que se ha visto implicado el rey emérito y que se remontan hasta 1976, cuando el “rey pobre” (así lo llamaban entonces) recibió 10 millones de dólares del sha de Persia. El monarca español pidió ayuda económica a Reza Pahlevi en una carta “a fin de prevenir una situación como la de Portugal” y evitar una victoria del partido socialista, lo que supondría “una seria amenaza para la seguridad del país y para la estabilidad de la monarquía”.

Muchas primaveras han pasado desde que Juan Carlos I considerase al PSOE como “una seria amenaza”. El pasado viernes Luca Costantini aseguraba en Voz Populi que “Podemos sospecha que el rey emérito y Felipe González maniobran para echar a Iglesias del Gobierno”. “El esquema que estarían impulsando es un monocolor socialista, con Pedro Sánchez al mando, pero con el PP y Ciudadanos para una gran coalición española y tranquilizar así a Bruselas, junto a un adelanto electoral pilotado”, aclaraba Costantini. El catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona Xavier Arbós planteaba en El Confidencial que, en vez de conspirar, más le valdría al rey emérito “retirarse” a vivir a un país europeo. “Para restablecerse, al menos en parte, el prestigio de la monarquía, un gesto de distanciamiento dejando España podría ayudar”, explicaba Arbós al reiterar que “el gesto sería así inequívoco y evitaría cualquier otra lectura”. Quizá todo acabe terminando en otra comparecencia del tipo “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a pasar”. Que no es, desde luego, ni “calculados movimientos de ajedrez” ni maniobras propias de El príncipe de Maquiavelo o de las elaboradas maquinaciones vaticanas, pero visto lo visto en este país, funciona.

Publicado en El Quinze, 19 de junio de 2020.

Entre el periodisme i la traducció.

Entre el periodisme i la traducció.