Black Lives Matter vs. Nixon con esteroides

Algunos periodistas vieron venir la posibilidad de revueltas como las que se suceden desde hace días en Estados Unidos. Mientras, otros se afanan por buscar una “mano negra” detrás de los disturbios.

Imagen: Protestas en Mineápolis durante la jornada del 27 de mayo. Chad Davis (Wikipedia) (CC BY-SA 2.0)

El suelo estaba anegado de líquido inflamable, sólo faltaba una chispa para que prendiese. Todas las señales estaban ahí: la cuestionable gestión de una epidemia que se ha cobrado la vida ya de más de 110.000 personas, los más de 40 millones de parados, un país que todavía no se ha recuperado de la crisis financiera de 2008 y que arrastra desde mucho antes importantes desequilibrios sociales, raciales y económicos. Nadie se atrevía a decir cuándo exactamente, pero algunos algunos lo veían venir. “Las disparidades detrás de las revueltas urbanas de los sesenta siguen con nosotros: unos cuantos meses más de confinamiento y desplome capitalista y veremos con toda seguridad nuevas revueltas”, apuntaba el geógrafo marxista David Harvey en un texto escrito para Jacobin poco antes de que estallasen las protestas por la muerte de George Floyd que se han extendido por todo el país e incluso en el extranjero. En un artículo publicado por la revista Newsweek el 20 de marzo y que entonces pasó desapercibido, William M. Arkin exponía los preparativos del ejército estadounidense para desplegarse y hacer frente a los disturbios si la crisis de la COVID-19 empeoraba y la policía y la Guardia Nacional se veían desbordadas por la situación. Semanas después, Lee Fang revelaba en The Intercept documentos que demostraban cómo el gobierno federal había autorizado la compra de material antidisturbios e incrementado el gasto destinado a las fuerzas y cuerpos de seguridad.

En vez de abordar los problemas del racismo estructural y los abusos policiales, una parte del establishment político estadounidense prefirió sin embargo dedicarse a perseguir fantasmas. Preguntada en la CNN por la posibilidad de una injerencia de Rusia, la que fuera consejera de Seguridad Nacional de Barack Obama, Susan Rice, respondió: “No me sorprendería saber que han estado fomentando algunos de estos extremistas, en ambos bandos, utilizando las redes sociales, no me sorprendería saber que los están financiando de alguna manera.” El actual consejero de Seguridad Nacional, Robert O’Brien, mencionó en una entrevista para la cadena de televisión ABC a China y ¡atención! Zimbabue como ejemplos de “adversarios extranjeros” que estaban utilizando las redes sociales para “sembrar la discordia” en el país. Ni Rice ni O’Brien presentaron ninguna prueba de las supuestas injerencias. El Miami Herald incluyó por su parte en la lista de instigadores extranjeros –cabe suponer que para satisfacción de sus lectores– a Venezuela, citando fuentes de la administración estadounidense.

“EEUU financia protestas en otros países, así que piensa que sus adversarios hacen lo mismo […] EEUU celebra los disturbios y los saqueos cuando se trata de otros países cuando conviene a sus intereses, como ocurre en Hong Kong […] es, por supuesto, una manera de evitar criticar nuestro brutal sistema por el caos en todo EEUU”, comentaba la periodista Rania Khalek en un vídeo para In The Box. De manera similar, el filósofo Cornel West presentó una enmienda a la totalidad al sistema en sus intervenciones para varias cadenas de televisión –desde la CNN hasta la BBC y France 24– asegurando que EEUU es “un experimento social fracasado”: “Parece que el sistema no puede reformarse: hemos tenido afroamericanos en posiciones de responsabilidad […] Black Lives Matter surgió con un presidente negro, un fiscal general negro y una consejera de Seguridad Nacional negra, y ninguno hizo lo que se esperaba de ellos.”

A pocos meses de las elecciones, Donald Trump, que aspira a la reelección, sigue “lidiando con una crisis sanitaria, la de la pandemia de COVID-19, que ha conducido a una crisis económica nacional y, para coronar la tarta, EEUU es testigo de protestas en todo el territorio por el racismo sistémico, lo que ha dado pie a respuestas controvertidas del presidente”, desgranaba la situación The Hill. Trump aspira a emular a Richard Nixon y permanecer otros cuatro años en la Casa Blanca con el voto de “la mayoría silenciosa”. ¿Lo conseguirá? “En el trumpismo no cunde el pánico, pero hay sin duda preocupación y esperan que la dinámica ‘Nixon 68’ haga su efecto, y el deseo del electorado de ‘ley y orden’ recompense en última instancia a Trump”, consignaba Axios. Si en 2016 Trump fue presentado por algunos medios de comunicación como “Ronald Reagan con esteroides”, ¿será Trump este 2020 un Nixon con esteroides? ¿Qué hubiera dicho Hunter S. Thompson, la bête noire de Nixon, de todo esto? “Son tiempos extraños y salvajes”.

Publicado en El Quinze, 12 de junio de 2020.

Entre el periodisme i la traducció.