Cegados por el sol negro

Muchos de los perfiles aparecidos de Román Protasevich, el activista bielorruso detenido en Minsk, optan por ignorar su ideología de ultraderecha. Ocultándola, los medios revelan algo sobre sí mismos.

El 23 de mayo Bielorrusia forzó el aterrizaje del vuelo 4978 de Ryanair, que cubría la ruta de Atenas a Vilna, en el aeropuerto de Minsk, donde la policía detuvo a dos de sus viajeros: el periodista Román Protasevich y su compañera, Sofia Sapega. Protasevich es el fundador y editor del canal de Telegram ‘Nexta’, que jugó un papel clave en la difusión de noticias y vídeos durante las protestas de 2020 contra el gobierno de Aleksandr Lukashenko, por lo que las autoridades bielorrusas lo acusan, entre otros delitos, de incitar disturbios y violación de orden público, cargos por los que ahora podría llegar a ser condenado a hasta 15 años de prisión. El incidente –en el que al parecer Lukashenko llegó a ordenar que un MiG-29 de las fuerzas aéreas bielorrusas escoltase al avión en el que viajaba Protasevich– ha motivado, como es sabido, la reacción de la Unión Europea, que ha cerrado su espacio aéreo a las aerolíneas bielorrusas y aprobado un nuevo paquete de sanciones.

En paralelo a estos acontecimientos, los medios de comunicación publicaron sus perfiles de Protasevich. Al mismo tiempo, en las redes sociales comenzaban a circular fotografías que empañaban la imagen intachable que esos mismos medios trataban de transmitir del activista bielorruso. Investigadores como Volodymir Ischenko, de la Universidad de Dresde, o Ivan Katchanovski, de la Universidad de Ottawa, se hacían eco de informaciones aparecidas en medios ucranianos y rusos sobre las simpatías políticas del editor de ‘Nexta’. Protasevich viajó en 2014 a Donbás, donde se incorporó como voluntario al batallón Azov –de ideología abiertamente neonazi–, para el que realizó tareas de prensa y comunicación y en el que llegó a ser herido durante la batalla de Shirokine contra los separatistas prorrusos de la República Popular de Donestk (RPD) en 2015, según su propio testimonio. Sin embargo, las fotografías que han podido verse estos días en Internet muestran a Protasevich con uniforme militar y portando armas, e incluso protagonizando la portada del número 15 de Chorne sontse (‘El sol negro’), la revista del batallón Azov cuyo título y logotipo es un conocido símbolo empleado por los neonazis. Ischenko publicó además una instantánea de Protasevich con una camiseta de Sva Stone, una conocida marca de ropa entre los neonazis ucranianos. Nada de esto aparecía en los perfiles que publicaron por ejemplo los diarios The Guardian o El País –sí que lo hacía, en cambio, en el de la BBC–, a pesar de que no era difícil encontrar esta información en las redes sociales.

Huelga decirlo, lo anterior no absuelve a las autoridades bielorrusas, pero sí que cuestiona la cobertura de los medios generalistas. Como lamentó Ischenko en Twitter, “era obvio que un probable propagandista o soldado de un regimiento de extrema derecha iba a ser glorificado, por eso el argumento de ‘primero que liberen a Protasevich y luego discutiremos sus aspectos oscuros’ es equivocado.” “Parece realmente estúpido continuar haciendo de Protasevich un héroe y blanquear histéricamente su pasado nazi”, comentó por su parte el periodista estadounidense Mark Ames en esa misma red social, “la gente no es imbécil y dar la impresión de que Protasevich es toda la oposición rusa, nazificada como los Maidangruppen, siembra desconfianza y recuerda lo peor de los engaños occidentales con el Maidan”. “Los matones de Lukashenko han arrestado y golpeado a miles de manifestantes, periodistas y opositores, y a quien Occidente escoge para convertirlo en un héroe y símbolo es a un puñetero propagandista neonazi de Azov”, añadió Ames en un segundo tuit antes de señalar lo obvio: “Teniendo en cuenta toda la histeria de los expertos sobre ‘esto beneficia a Putin’, no podía ser todo más estúpido”. Contrástese el tratamiento a Protasevich –que comenzó su carrera como periodista en Radio Free Europe / Radio Liberty (RFE/RL) y había militado antes en el ‘Frente de juventudes’, una organización nacionalista– con la invisibilización de los redactores de Poligraf, otro medio de la oposición bielorrusa, pero éste de izquierdas. “¿Son el nacionalismo y el neoliberalismo las únicas opciones en Bielorrusia?”, se preguntaba el año pasado el periodista ruso-estadounidense Yasha Levine en un artículo traducido para El Salto.

Esto en cuanto a los medios generalistas. ¿Pero dónde se encontraba el cártel de los fact checkers en toda esta historia? “Esta gente se supone que está monitoreando la desinformación, pero lo que realmente hacen es monitorear la información que resulta incómoda a la OTAN”, sentenció Ames en el programa BreakThrough News.

¿A quién afectan las sanciones?

Según el periodista ruso Leonid Ragozin, “estas sanciones perjudicarán a los ciudadanos bielorrusos, a quienes se oponen al régimen más que a nadie”, ya que “clausuran una importante ruta de escape a quienes intenten huir”. El economista alemán Wolfgang Münchau recordaba que la economía bielorrusa está integrada en la rusa, su mayor socio comercial (50%), seguido por la UE (18%). “De ampliar las sanciones económicas, la consecuencia será hacer a Bielorrusia aún más dependiente de Rusia”, añadía.

Publicado en El Quinze, 4 de junio de 2021.

Entre el periodisme i la traducció.