Los chilenos rechazaron el pasado domingo en las urnas la constitución de la dictadura de Pinochet en una votación histórica. Algunos observadores hablan de una nueva era de cambios en América Latina.

Protestas en Plaza Baquedano, Santiago (2019). Carlos Figueroa. Fuente: Wikipedia (CC BY-SA 4.0)

“Miles de personas se han congregado en la Plaza de la Dignidad, como los manifestantes llaman a la Plaza Baquedano en la capital de Chile, Santiago. Celebran el primer aniversario de la revuelta, que el 18 de octubre de 2019 se extendió por todo el país.” Así comenzaba la crónica del diario alemán Neues Deutschland, que se encargaba de recordar oportunamente que no se trata el único aniversario que se celebra estos días en el país andino: el próximo 3 de noviembre se cumplen 50 años de la llegada de Salvador Allende al Palacio de la Moneda. Ese mismo fin de semana, el sociólogo Marco Teruggi, colaborador de Página 12 y TeleSur hablaba en Twitter de un “continente en pie” tras la victoria del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones de Bolivia, las manifestaciones en contra y a favor del gobierno en Argentina, la movilización indígena contra el ejecutivo de Iván Duque en Colombia y la confirmación de Andrés Arauz como candidato en las próximas elecciones a la presidencia de Ecuador por el Centro Democrático, el partido del expresidente Rafael Correa. ¿Está América Latina a las puertas de una nueva vuelta a la izquierda cómo la que vivió a comienzos del siglo XXI?

En Bolivia, el MAS superó todas las expectativas y se impuso con más del 55% en lo que fue un duro revés para el gobierno golpista de Jeanine Áñez. El candidato del MAS, Luis Arce, aseguró en una entrevista con El País que “no queremos revancha en Bolivia” porque “hay muchas cosas por hacer”. Entre las primeras medidas anunciadas por Arce se encuentra la emisión del llamado “bono contra el hambre de 1.000 bolivianos” y tres proyectos de ley, entre los que destaca un impuesto a las grandes fortunas con un patrimonio personal de cinco millones de dólares o más. El nuevo presidente boliviano también adelantó que restablecería las relaciones con La Habana y Caracas, que considera vitales en la lucha contra la COVID-19 en el país. “Nosotros vamos a restablecer todas las relaciones”, afirmó Arce en unas declaraciones recogidas por la agencia Efe, “este gobierno ha actuado muy ideológicamente privando al pueblo boliviano del acceso a la medicina cubana, a la medicina rusa, a los avances en China, por un tema netamente ideológico se ha expuesto a la población de manera innecesaria y perjudicial.”

“El retorno a la democracia vino acompañado de una esperanza de cambio que finalmente no se concretó, al contrario: diferentes transformaciones neoliberales, como la municipalización de la educación, el desarrollo del sector forestal, el sistema de pensiones, la privatización del agua, la subcontratación, el sistema sanitario y la constitución política heredada de la dictadura han seguido vigentes durante muchos años”, explicaba Iván Silva, profesor de Historia formado en la Universidad de Arte y Ciencias Sociales de Santiago (ARCIS), en un artículo publicado hace unos días por La Directa. Ése fue el contexto en el que 15 millones de personas estuvieron llamadas a votar en el plebiscito del pasado domingo –que había de celebrarse el 26 de abril pero fue postergado por la pandemia de COVID-19– y decidir la continuidad de la Constitución de 1980, redactada y aprobada bajo la dictadura de Augusto Pinochet.

En los días previos a la votación, las encuestas de intención de voto otorgaban una clara victoria al “apruebo” [el cambio de Constitución] frente al “rechazo” y así ocurrió al fin en la jornada electoral, en la que se registraron largas colas frente a los puntos de votación: “A las nueve de la noche del domingo, el edificio Movistar de Santiago, con sus imponentes 34 pisos, se iluminó como si representara el despertar de una comunidad”, escribía en El Periódico Abel Gibert, “miles y miles de ojos siguieron el momento en que comenzó a dibujarse una sola palabra sobre su estructura, esa palabra resumía todo lo que sucedía en la calle: ‘Renace’.” Al anuncio siguió el jolgorio entre los miles de congregados en Santiago al conocerse que hasta un 78’28% de los votantes había respaldado la redacción de una nueva constitución y únicamente un 21% se había mostrado partidario de conservar la actual. No tardaron algunos en recuperar las últimas palabras de Allende a Radio Magallanes desde el sitiado Palacio de La Moneda aquel fatídico 11 de septiembre de 1973: “Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino: superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.”

¿Una nueva marea rosa?

La llegada al poder de varios partidos progresistas en Latinoamérica a comienzos de siglo se conoce en EEUU como ‘marea rosa’, por no ser enteramente ‘roja’. Los acontecimientos recientes han llevado a algunos comentaristas a especular con un retorno de aquella ‘marea rosa’ al subcontinente, que este año, debido al impacto de la pandemia de la COVID-19, sufrirá una fuerte caída económica, con una contracción del 9’1%, según datos de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (Cepal).

Publicado en El Quinze, 30 de octubre de 2020.

Entre el periodisme i la traducció.