Conflictos en Interzona

En la crisis en Ceuta provocada por Marruecos la semana pasada se entremezclan numerosas cuestiones diplomáticas y sociales. La crisis plantea, además, inquietantes preguntas geopolíticas para España.

Muy pocos se atreven a formularlo en términos tan crudos, pero en materia migratoria Marruecos es a España lo que Turquía a Alemania: un Estado gendarme. Pero como acostumbra a ocurrir entre determinados cuerpos de guardias fronterizos, la tentación de enriquecerse a costa de su posición es demasiado grande. El chantaje de lo ocurrido en Ceuta la semana pasada es tan evidente que hay que ser muy ingenuo, o necio, para no verlo, y seguramente aún más cínico para ocultarlo. En España hay de todo eso, y de sobras, sobre todo en aquellos sitios en los que se nos enseña que no hay ni debiera haberlo: las tribunas mediáticas, los púlpitos académicos y la política. Por suerte quedan aún algunos medios independientes y unas pocas grietas en los medios generalistas, los primeros con cada vez más problemas de financiación, y las segundas, cada vez más pequeñas.

Martín Cúneo apuntaba en El Salto que “la razón oficial de esta crisis, el ingreso en un hospital de Logroño del jefe del Frente Polisario, Brahim Ghali, de 71 años, después de infectarse por COVID-19, es apenas el detonante de conflictos e intereses que venían de largo.” Cúneo señalaba que en marzo de este año “el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) comenzó a estudiar la legalidad del acuerdo de asociación y pesca entre Marruecos y la Unión Europea, un texto que incluye un territorio que según la ONU no pertenece a Marruecos: el Sahara Occidental”, un proceso que podría terminar con “una posible anulación del acuerdo de pesca con Marruecos y un apoyo europeo a las tesis del Frente Polisario.” “El discurso mediático y político de migrantes ‘lanzados’ por Marruecos se queda cojo”, observaba este periodista al añadir que “la pandemia, el confinamiento y la caída en picado del turismo aumentaron los niveles de pobreza y desigualdad en el reino alauita, especialmente en aquellas regiones más afectadas por los cierres de fronteras.”

Debajo de esta crisis subyacía una posibilidad de futuro más inquietante, para la que vale la pena recuperar un viejo texto de John Dolan publicado en The eXile sobre el incidente de la isla Perejil en julio de 2002. “La lucha por esta estúpida isla es una cuestión secundaria”, escribía, “la lucha real es por un par de ciudades de la costa marroquí que España aún mantiene gracias a unos viejos tratados coloniales”. Con la invasión de Perejil, reflexionaba este autor, “los marroquíes estaban enviando un mensaje a los españoles: ‘Supongamos que miles de civiles marroquíes marchan hacia esos vestigios coloniales. ¿Tendréis los quisquillosos de los españoles realmente pelotas para ametrallar a 10.000 civiles marroquíes justo aquí, delante de las cámaras de televisión?” Como recordaba Dolan, “los marroquíes ya intentaron este tipo de técnica de ‘invasión civil’, y funcionó: tomaron todo el Sahara español enviando a 350.000 civiles marroquíes a cruzar las fronteras, totalmente desarmados, retando a los guardias a matarlos.” Y como es sabido, “no se disparó ni un tiro”, por lo que, concluía Dolan, “la mejor manera de invadir un territorio que quieres es la que usaron los marroquíes en su ‘marcha verde’ en el Sahara español: reunir una muchedumbre de civiles y enviarlos a cruzar la frontera, desafiando a tu enemigo a acabar con ellos frente a las cámaras en directo.” La predicción de entonces es que veríamos “muchas ‘marchas verdes’, con riadas de ‘civiles indefensos’ desarmados cruzando las fronteras y retando a las tropas a dispararlos.”

La crisis de Ceuta no era, desde luego, un ejercicio de ‘marcha verde’, pero sin duda sirvió para poner a prueba la capacidad de respuesta española. Aún más inquietante todavía resulta preguntarse: ¿Qué haría Washington ante un escenario como el que describía Dolan? “He hablado con el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Nasser Bourita, sobre la importancia de restaurar la calma en Israel y en Cisjordania y Gaza para prevenir más pérdidas de vidas, Marruecos es un socio estratégico y esperamos trabajar juntos para poner fin a este conflicto.” Esto fue todo lo que escribió el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, en su cuenta de Twitter durante la crisis en Ceuta. Llegados a este punto, no está de más señalar que hace un año circularon rumores de que Estados Unidos tenía pensado trasladar parte de las tropas y equipos estacionados en la base naval de Rota, en Cádiz, a Alcazarseguir, Marruecos, que se encuentra entre Ceuta y Melilla, una localización mucho más conveniente para el Pentágono, que se ha fijado entre sus objetivos de las próximas décadas aumentar su influencia en el continente africano.

La opinión de El Hachmi

En una columna de opinión en El País, la escritora Najat El Hachmi cargaba contra el régimen marroquí, pero también contra “el tratamiento lacrimógeno y sentimentaloide” de algunos medios, que tachaba de “otra forma de infantilización”, “como si la pobreza natural y la falta de recursos fuese un destino fatal debido a la geografía y no a la política.” Rabat, denunciaba, “tiene como único proyecto empujar a su gente al exterior para luego reclamar como suyos sus remesas, sus logros y sus éxitos.”

Publicado en El Quinze, 28 de mayo de 2021.

Entre el periodisme i la traducció.

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