De acero, con pies de barro

¿Podría acabar la COVID-19 con la impoluta imagen de Merkel? La gestión de la pandemia y los escándalos de corrupción de su partido revelan un cierto desgaste político, en opinión de algunos analistas

¿Hace falta un pie de fotografía? Armin Linnartz, Wikipedia (CC BY-SA 3.0)

No por nada la llaman la “canciller de teflón”: ninguna crítica se adhiere a su superficie. Sin duda, merece el premio al spin doctor de la década el equipo de ingenieros de almas de Berlín que ha conseguido convertir la imagen de Angela Merkel en el equivalente político del anticongelante, capaz de permanecer en estado líquido para adaptarse a las condiciones del momento sin perjudicar al motor de la máquina. “La sociedad multicultural ha fracasado”: esto no lo dijo ni Marine Le Pen ni Matteo Salvini, sino la canciller alemana en 2011, varios años antes de reciclarse en benefactora de los refugiados. Si este fenómeno ya llama la atención en su lugar de origen, más chocante resulta que se produzca en los países más castigados por su política económica, como España, donde el periodista Rafael Vilasanjuan, por tomar un ejemplo reciente, publicó en enero un sonrojante ditirambo en El Periódico titulado ‘Huérfanos de Merkel’ en el que escribía que, sin ella, “el horizonte parece huérfano”.

Puede que a la canciller se le esté acabando la suerte, o más probablemente, puede que sus patrocinadores la den por amortizada, ahora que su salida de la cancillería es un hecho, y hayan puesto al equipo de ingenieros de almas al servicio del próximo candidato de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Así lo constataba el economista Wolfgang Münchau en uno de sus últimos boletines para EuroIntelligence al señalar que “nadie está hablando sobre los muertos de Merkel todavía” a raíz de su gestión de la pandemia de COVID-19, pero que la situación podría cambiar pronto. “Los medios de comunicación alemanes intentan evitar cualquier crítica personal de la canciller”, continuaba, “pero ésta no es una situación que tengan bajo control”. Nadie ha resumido mejor la estrategia de Merkel que el cartelista Klaus Staeck: “No digo nada, pero lo digo con todo el énfasis”. Su dilación a la hora de tomar medidas causó ya estragos durante la crisis de deuda de la zona euro –¿alguien se acuerda todavía?–, pero frente al COVID-19 las consecuencias pueden ser letales. Cierto, la economía alemana se está recuperando lentamente del golpe –gracias a la exportación de maquinaria y automóviles China–, pero su imagen quizá tarde más en hacerlo.

“Arde la sede de la CDU, no puede interpretarse de otro modo esta carta”, afirmaba la semana pasada en el tageszeitung su corresponsal parlamentario, Ulrich Schulte, para referirse al ultimátum del presidente del grupo parlamentario conservador, Ralph Brinkhaus, a sus diputados para que hiciesen público que no se han lucrado por la pandemia. El partido se ha visto golpeado doblemente en muy poco tiempo por un escándalo de corrupción en la compra de mascarillas que afecta a dos diputados suyos en el Bundestag, por una parte, y otro, en Turingia, en el que un parlamentario cobró dinero de Azerbaiyán para hacer de cabildero del régimen a cambio de dinero en forma de anuncios para un periódico editado por él, por la otra. Todo ello en medio de una pandemia sobre la que el gobierno alemán parece haber perdido el control y una campaña de vacunación que avanza de manera mucho más lenta de lo esperado, con decenas de miles de muertos y cientos de miles de personas temiendo por su futuro laboral. En el proceso, todo lo anterior podría repercutir en la imagen que el propio país se ha dedicado laboriosamente a construir.

“Los errores en serie del gobierno alemán en la gestión de la pandemia han puesto fin a cualquier noción de competencia o superioridad alemana”, sentenciaba Münchau en otro de sus textos. ¿Existe, como sostienen algunos comentaristas, un Wechselstimmung, un cambio de opinión en Alemania a escasos meses de las elecciones generales? ¿Podría la CDU, a pesar de ganar las elecciones, terminar viéndose apartada del gobierno este otoño por otra coalición? Y si es así, ¿por cuál? “Durante las elecciones de 2017, la derecha estaba desilusionada con su política de asilo, pero el centro se mantuvo firme”, continuaba este autor. Ahora, en cambio, “el centro y la derecha están insatisfechos, y la izquierda ya no quiere estar en una coalición con ella”. “Es difícil creer que nos encontramos en el tercer mes de 2021, mirando atrás a los buenos días de 2020, cuando la canciller alemana era admirada por su liderazgo firme en su país y en el extranjero, y cuando la cifra de infecciones y muertes por COVID-19 era baja en arreglo a los estándares europeos.” Un recordatorio, alertaba Münchau, “de que Alemania no es tan diferente después de todo, excepto por la diferencia entre la percepción de sí misma y la realidad, acaso más amplia.”

Nuevas oportunidades políticas

La crisis de la CDU podría cambiar el tablero de juego. Los conservadores siguen liderando las encuestas, pero a la baja, lo que insufla esperanzas a La Izquierda, que apuesta por la formación de un tripartito con socialdemócratas y verdes. “Las oportunidades son mayores que nunca”, aseguró el diputado de La Izquierda Stefan Liebich en Der Tagesspiegel. “Quien quiere, busca una vía, quien no, busca excusas”, declaró por su parte la copresidenta del partido, Susanne Hennig-Wellsow, al junge Welt.

Publicado en El Quinze, 19 de marzo de 2021.

Entre el periodisme i la traducció.