Derecha, más a la derecha y aún más a la derecha

Algunos observadores de los medios de comunicación dan por acabada a la ultraderecha europea, pero unas informaciones publicadas por el diario italiano La Repubblica proyectan escenarios inquietantes.

¿Ha terminado la pandemia con el nacional-populismo? Muchos son quienes se apresuran a enterrar a los partidos y movimientos asociados a esa etiqueta señalando su estancamiento en las encuestas de intención de voto. En un artículo publicado a mediados de diciembre en The Guardian, Cas Mudde y Jakub Wondreys pedían cautela a partir de un estudio para la Universidad de Cambridge sobre el impacto de la pandemia en estas formaciones. Según Mudde y Wondreys, es “un error” creer que “los partidos de ultraderecha han sido los grandes perdedores de la pandemia”, una opinión “reforzada por la afirmación de que Trump perdió las elecciones por la COVID-19”. “Sin embargo, en nuestro estudio de 31 partidos de ultraderecha en estados miembro de la Unión Europea sólo la mitad perdió algún tipo de apoyo en la primera ola del coronavirus, más acusada, de mediados de marzo a mediados de junio, y del resto, cinco ganaron apoyos, y 10 no experimentaron ningún cambio en los sondeos”, detallaban los autores al añadir que “el efecto general era marginal, dentro de una media del 1%” y que “los partidos de extrema derecha han comenzado a perder algo más durante la segunda ola, aunque la media sigue siendo escasa y dentro del margen de error de las encuestas”.

Como se encargaba de recordar Paolo Gerbaudo en una reseña para Jacobin de Reactionary Democracy: How Racism and the Populist Far Right Went Mainstream (Verso, 2020), “las causas estructurales que dieron pie a su auge siguen intactas”. Gerbaudo atribuye el estado de salud de estas fuerzas no solamente al apoyo “entre amplios sectores del establishment”, sino al hecho de que “el discurso de extrema derecha proporciona una respuesta reaccionaria eficaz a los temores de declive que albergan muchos trabajadores de cuello azul que han visto sus condiciones de vida socavadas por la globalización neoliberal” y a su capacidad para “explotar las debilidades de sus contrincantes y los estrechos márgenes de oportunidad” electorales.

Italia es un buen ejemplo: en el momento de escribir estas líneas, la Liga de Matteo Salvini sigue encabezando las encuestas con más de un 22% de los votos, que, sumados al 16’4% de Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni y el 7’2% de Forza Italia de Silvio Berlusconi, dan la victoria del bloque de la derecha frente a la actual coalición de gobierno en unas eventuales elecciones. Que esta posibilidad podría abandonar el terreno de la hipótesis en algún momento lo demuestra una noticia de La Repubblica del pasado 16 de diciembre. En concreto, el diario italiano revelaba el viaje del vicesecretario federal de la Liga, Giancarlo Giorgetti, para reunirse en Berlín con el diputado de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) Marian Wendt y acercar posiciones. Lo que significaría que la CDU no descarta un gobierno de derechas en Italia –liderado por nada menos que dos fuerzas de ultraderecha– y, a su vez, que la Liga estaría dispuesta a moderar algunas de sus propuestas para evitar un choque con Alemania. La Liga estaría ya discretamente preparando el terreno: La Repubblica aseguraba que Giorgetti y Wendt trabajan en un documento conjunto sobre estrategia económica dentro de los planes de reconstrucción post-COVID-19 que se publicaría a comienzos de 2021. Al parecer, la formación de Salvini estaría dispuesta a renunciar a sus demandas económicas más populistas sobre la deuda o el euro y a suavizar su política migratoria. Enfrente, se dice que Wendt admira cómo la Liga ha logrado el control durante décadas de las instituciones del Norte de Italia.

El economista Wolfgang Münchau comentaba en EuroIntelligence que “teniendo en cuenta la alianza estratégica de Angela Merkel con Viktor Orbán, no debería suponer ninguna sorpresa que la CDU haya puesto los ojos ahora en una alianza estratégica con la Liga.” Para este analista, la estrategia de los conservadores alemanes ha sido la de “ocupar el espectro completo de la derecha”, aunque “fracasó cuando las políticas migratorias de Merkel dieron impulso a Alternativa para Alemania (AfD), que ahora es un partido establecido, con un apoyo constante del 10%.” Por ese motivo, continúa, la CDU está “determinada a no repetir la experiencia y, en consecuencia, se ha embarcado en la misión de absorber partidos de la derecha en todas partes”. Casi dos semanas después, Le Monde informaba de una reunión entre Bruno Roger-Petit, uno de los asesores del presidente de Francia, Emmanuel Macron, y Marion Maréchal Le Pen. ¿Un patrón? “Algún día”, reflexionaba Münchau, “quizá nos demos cuenta de que todos pertenecen a una y la misma feliz familia.”

El futuro de la derecha alemana

Este mes la CDU elegirá al sucesor de Merkel para las elecciones federales de septiembre. Las bases decidirán entre el presidente de Renania del Norte-Westfalia, Armin Laschet, el presidente del comité de Asuntos Exteriores del Bundestag, Norbert Röttgen, y Friedrich Merz, el candidato más a la derecha de todos. De ganar Merz las primarias, el acuerdo con la Liga, según La Repubblica, sería más fácil que con los anteriores, que se inclinan por una coalición ecoliberal de gobierno con Los Verdes.

Publicado en El Quinze, 8 de enero de 2021.

Entre el periodisme i la traducció.

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