El circo se ha ido, pero los payasos se han quedado

Joe Biden gana las elecciones presidenciales en EEUU. Mientras, Donald Trump se atrinchera en la Casa Blanca y los medios de comunicación generan unas expectativas que pueden verse pronto frustradas.

Fotografía: Gage Skidmore (CC BY-SA 2.0)

Tsirk uyejal — klouni ostalis. “El circo se ha ido pero los payasos se han quedado”, dice una popular expresión rusa. El sábado pasado el recuento de votos en EEUU daba al candidato del Partido Demócrata, Joe Biden, como ganador de Pensilvania, y con él, de la presidencia del país, mientras Donald Trump se atrincheraba en la Casa Blanca y se negaba a reconocer los resultados. “La actividad sísmica en Washington DC durante los próximos dos meses competirá con la de los terremotos por fracking que han estado sacudiendo Oklahoma durante la última década”, pronosticaba el editor de Counterpunch, Jeffrey St. Clair.

“En una semana: Trump, derrotado; el castellano deja de ser idioma oficial de España (dicen algunos); se ha estabilizado la legislatura (presupuestos); la libertad de prensa ha sido asesinada (dicen algunos) y al rey emérito se le abre una tercera investigación”, escribía, en su estilo habitual, el director adjunto de La Vanguardia Enric Juliana. ¿Estamos llegando al ‘punto omega’ sobre el que teorizó el jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin, Enric? Dentro de unos meses habrá que volver a las crónicas de estas elecciones para contemplar, con estupor, lo que se llegó a decir de Biden. En 3/24, el canal de noticias de TV3, se le presentaba por ejemplo como sigue: “El ‘tío Joe’, como a menudo se le llama en Estados Unidos, sería, según sus seguidores, la antítesis de Trump: humano, cercano, un hombre empático, que ha demostrado su capacidad de resiliencia”. Esta descripción motivó una respuesta del colaborador de Catarsi Miquel Vila: “El problema no es tanto que la información sea sesgada (todo el mundo tiene sus sesgos), sino que es infantil, y aún peor, infantiliza, lo que significa que no solamente se transmite una visión del mundo errónea, sino que se desarma a los catalanes para que puedan comprenderla.”

Algo parecido sucederá también con Kamala Harris, que como primera vicepresidenta negra ha roto el techo de cristal, cuyos vidrios, no obstante, habrán de recoger otras mujeres negras y pobres de las que seguramente no oiremos hablar tanto. El mismo 6 de noviembre Los Angeles Times recordaba que el hermanastro y asesor de Harris, Tony West, ha liderado la campaña para que California niegue a los conductores de Uber la condición de empleados que les proporcionaría cobertura jurídica, mientras que su sobrina, Meena Harris, es asesora de la compañía en materia de diversidad después de haberlo sido en relaciones laborales.

Desde California, el periodista Yasha Levine informaba desde Twitter de las celebraciones con una simbólica imagen: “Liberales en Mercedes, Porsches y Teslas celebrando como locos recorriendo Los Angeles”. “Todo un alivio para los centristas: ahora EEUU puede continuar dominando el mundo por la fuerza empleando un lenguaje agradable”, comentaba el documentalista Mark Curtis. He aquí un ángulo que pocos han visto o quieren ver: ahora volverán los “moderados” presentándose como grandes gestores frente a los populistas de derechas, cuando en realidad son los culpables de que surgieran estos últimos en primer lugar. Su estrategia durante estos últimos años ha sido impedir que surja cualquier alternativa su izquierda –desde Bernie Sanders en EEUU hasta Jeremy Corbyn en Reino Unido, donde los laboristas están recortando distancias con los tories en los sondeos– para volver al poder ellos cuando se pudriera la situación. Ahora que están en el poder puede que esa campaña, lejos de atenuarse, se intensifique. “Biden puede entrar en la Casa Blanca, pero no puede decirse que sea un despertar de la izquierda”, recogía el británico The Telegraph. Tampoco pasó desapercibido a Alexandria Ocasio-Cortez, quien escribió en Twitter: “Sólo diré una cosa: durante los últimos dos años, tanto yo como otros candidatos progresistas hemos estado ganando a Demócratas apoyados por el Comité de Campaña Demócrata del Congreso, y nadie en el partido me ha preguntado nunca qué debilidades encontré en su operación: si dejan de culpar a los progresistas podemos ayudar.” ¿Pero quiere ahora mismo el establishment del Partido Demócrata esa ayuda?

“Después de las elecciones presidenciales más reñidas de la memoria reciente, la nación está más dividida”, recordaba el Financial Times. El proyecto de Biden-Harris es, aparentemente, hacer retroceder las manecillas del reloj al 2015, como si durante todo este tiempo no hubiese pasado nada ni en EEUU ni en el mundo. El estado de ánimo lo resumió perfectamente St. Clair: “Pronto nos despertaremos de la pesadilla nacional actual y nos dormiremos de nuevo para tener la siguiente.”

Biden como pantalla de proyección

¿Cuánta gente sabe cuál es el programa de Joe Biden? Las elecciones se convirtieron en un plebiscito sobre Trump y éste lo perdió. El candidato del Partido Demócrata ha ganado como anti-Trump y se ha convertido en una pantalla de proyección incluso para la izquierda española. ¿Quién se acuerda de cómo Biden tildó de “terrorista tecnológico” a Julian Assange en 2010? ¿O de cuando ese mismo año llamó por teléfono a José Luis Rodríguez Zapatero para pedirle “sufrimiento” y contentar a los mercados?

Publicado en El Quinze, 13 de noviembre de 2020.