El faro roto del mundo libre

El Partido Demócrata y el Partido Republicano confirman a sus respectivos candidatos a las elecciones presidenciales de Estados Unidos en medio de un ambiente cada vez más enrarecido por la pandemia.

‘Coca-Cola versus Pepsi Cola’, Josep Renau (1949)

EEUU es un imperio. Uno sui generis –¿no lo son todos?– porque fue construido sobre una república que nació, irónicamente, de la lucha contra otro imperio. Pero un imperio es y todos los estados tributarios están ya pendientes de las próximas elecciones a la presidencia del país y hasta de lo que sucede en los partidos de la NBA. El Partido Demócrata y el Partido Republicano han celebrado sus respectivas convenciones para consagrar a sus candidatos en un ambiente enrarecido y desangelado. Jeffrey St. Clair, quizá uno de los mejores cronistas que pueden encontrarse hoy de la política estadounidense, ha descrito la convención republicana en Counterpunch como un “desfile de lo ridículo y lo repugnante, pistoleros e idólatras de fetos, conspiración e histrionismo, blancos agraviados, piedad impostada y desvergonzado arramblamiento de dinero”. Donald Trump fue proclamado, además de candidato, “guardaespaldas de la civilización occidental” por uno de los oradores, y hasta éste se quedó corto frente al discurso de telepredicador de Kim Guilfoyle, ante el cual la documentalista Evgenia Korda no pudo más que exclamar desde las redes sociales: “¡Mejor interpretado y da más miedo que La purga!” Nada de eso parece importunar a sus seguidores, que “han sucumbido” a su “demagógico estilo de liderazgo” –que a estas alturas ha sustituido ya definitivamente a cualquier tipo de programa político– “incluso si puede costarles la vida”, según Richard Falk, también en Counterpunch.

Frente a Trump estará Joe Biden, el Chernenko de los Demócratas. La prensa afín, también la de los estados tributarios, tiene por delante la difícil tarea de convencer a sus lectores de su idoneidad para el cargo. Los sandernistas han sido relegados a pastor alemán del partido, encargados de llevar a sus seguidores al redil y evitar una repetición de 2016. Alexandria Ocasio-Cortez reveló sus secretos de belleza en la edición estadounidense de Vogue y dijo que “quererse a una misma es un acto radical”. Aunque los republicanos se han empecinado en hablar de Biden como “el caballo de Troya del socialismo”, lo cierto es que los Demócratas han optado por cortejar a los republicanos moderados, y con ese fin invitaron a su convención a Colin Powell –uno de los responsables de la desastrosa guerra de Irak–, al exgobernador de Ohio Joe Kasich y a Cindy McCain, viuda de John McCain. La estrategia, por ahora, no parece haber cuajado: según una encuesta de la CBS hecha pública a finales de agosto, sólo el 5% de los republicanos aseguró que votaría por Biden, menos del 8% de los que votaron por Obama en 2008 o el 7% que lo hizo por Hillary Clinton en 2016. “No se equivoquen: la estrategia de Biden de atraerse a republicanos para ganar a Trump ya se intentó en unas elecciones presidenciales y fracasó”, advertía Luke Savage en Jacobin. “Intentándolo una segunda vez”, añadía, “los Demócratas están jugando con fuego y pueden acabar quemándose”.

Todo apunta a que la cúpula del Partido Demócrata quiere resucitar el ‘neoliberalismo progresista’ que tantos réditos les dio en el pasado. ¿Política exterior? Biden tantea para el puesto de secretaria de Estado a Michèle Flournoy, quien, como recordaba The Huffington Post, recientemente escribió un artículo en el decía que “el ejército estadounidense y sus aliados deberían considerar el desarrollo de sus capacidades para, por ejemplo, hundir la flota de la Armada china en 72 horas.” ¿Economía? En 2013 Biden telefoneó al entonces presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, para pedirle reformas que contentasen al mercado. Lo reveló el propio Zapatero en sus memorias, El dilema. 600 días de vértigo (Planeta, 2013), de cuya presentación se hizo eco el diario Público. “Al darme su opinión sobre los mercados, me dijo, con una crudeza que hasta ese momento no había escuchado, que la única manera de lograr ganar su confianza era tomando decisiones que te hicieran sufrir de verdad y a fondo”, rememoraba Zapatero, “sólo eres creíble si sometes a los ciudadanos a pruebas difíciles, si los sindicatos rechazan abiertamente tu política, en definitiva, si hay lágrimas y sufrimiento.” Un adelanto de lo que podría ser su presidencia.

“Al final, el futuro de EEUU, e indirectamente del mundo, descansa en si el miedo al fascismo excede el miedo al liberalismo de izquierdas”, sentenciaba el ya citado Richard Falk. Ni ideas nuevas ni aires de cambio. “A menos que la base de Trump se encoja considerablemente, la amenaza fascista continuará”, pronosticaba Falk, “incluso si Trump pierde y abandona la Casa Blanca sin plantear batalla.”

California en llamas

Los incendios se han cebado estos últimos días con California, que los republicanos presentaron como ejemplo de mala gestión de los Demócratas. La acusación es interesada, por supuesto, pero tampoco del todo falsa. Según Jacob Woocher, del sindicato de inquilinos de Los Angeles, “los oligarcas ganan, los pobres pierden, no se hace nada contra el cambio climático, la pobreza, la violencia policial o la masificación en las prisiones: California es el mejor argumento contra el Partido Demócrata.”

Publicado en El Quinze, 4 de septiembre de 2020.