El retorno de los centauros

Italia intenta salir de su última crisis política, pero muchos creen que un “ejecutivo técnico” como el que se ha encargado formar a Mario Draghi podría en realidad preparar el terreno a la siguiente.

‘Der Centaurenkampf’, Arnold Böcklin, 1891.

En Carretera a Volokolamsk, el dramaturgo Heiner Müller definió poéticamente a los burócratas como centauros: “Debajo un escritorio, arriba aún hombre, ya no hombre, sino hombre-máquina, un hombre-mueble o un mueble-hombre”. El carácter impersonal y reglamentado y su jerarquía basada en méritos profesionales son algunas de las cualidades más apreciadas de la burocracia y que en el siglo XX se han intentado no trasladar a, sino convertir en auténticos sistemas políticos. La bicha es ‘tecnocracia’ y ha vuelto a los medios con la presidencia de Joe Biden en los Estados Unidos y ahora también en Europa tras el encargo del presidente italiano, Sergio Mattarella, al expresidente del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi de formar gobierno.

“Desde fuera parece como si la crisis política en Italia se hubiese resuelto”, escribía el economista Wolfgang Münchau en EuroBriefing, “pero no pensamos que eso sea así”. Draghi “encabezará lo que en Italia se conoce como un gobierno técnico, el gobierno de un rey filósofo con el apoyo del parlamento”, continuaba. “El último governo technico fue el de Mario Monti durante la fase más aguda de la crisis de la eurozona y todos sabemos cómo terminó”, y aunque “Draghi es más consciente de lo que Monti nunca fue de las limitaciones de un gobierno técnico”, el expresidente del BCE tiene por delante la tarea de sumar apoyos a su ejecutivo para hacerlo estable. Descontados, por seguros, los votos del Partido Democrático (PD) e Italia Viva, el partido del ex primer ministro Matteo Renzi, Draghi tendrá que conseguir los de Forza Italia, la formación de Silvio Berlusconi, y de una parte al menos del Movimiento Cinco Estrellas (M5S). Esto último se antoja extraordinariamente complicado para un partido que consiguió crecer gracias, en buena medida, a su oposición al gobierno de Monti. La existencia misma del M5S está en juego y, como recuerda Münchau, más les sale a cuenta oponerse a un gobierno liderado por Draghi que apoyarlo, so pena de sufrir una escisión y al mismo tiempo entregar el bastón de mando de la oposición a la nacional-populista Liga de Matteo Salvini y al posfascista Hermanos de Italia de Giorgia Meloni. Los primeros sondeos revelan una ligera caída del PD y, en contrapartida, una subida tanto de la Liga como de Hermanos de Italia.

Como Folo o Quirón en la mitología helénica, Draghi es considerado un centauro sabio, alabado por los medios de comunicación por su papel al frente del BCE (“¿Puede ‘Super Mario’ salvar a Italia como lo hizo con el euro?”, se preguntaba The Guardian), pero llevar al mismo tiempo cosida al traje la etiqueta de “tecnócrata” lleva aparejado determinados riesgos. La senadora italiana Julia Unterberger, del Partido Popular de Tirol del Sur, recibió a Draghi con el proverbial abrazo del oso al afirmar –las declaraciones las recogió el alemán junge Welt– el viernes 5 de febrero que “en Alemania Draghi tiene fama de ser más alemán que los alemanes, lo que proporciona una buena sensación.”

Desde las páginas de Jacobin, Paolo Gerbaudo iba al fondo del asunto y calificaba la operación de “un intento de los círculos empresariales por poner sus manos en los Fondos de Recuperación europeos para dirigirlos al sector empresarial en vez de para ayudar a la gente común.” Poco sorprendentemente, seguía Gerbaudo, Cofindustria, la poderosa patronal italiana, es el mayor agente social que ha apoyado a Draghi, a quien ha reclamado ya que relaje el despido. Para este autor, los gobiernos tecnócratas “son una afrenta obvia a la democracia” y, más aún, “la manifestación más extrema de la tendencia post-democrática en las democracias capitalistas”, y precisaba que “una cosa es tener un gobierno que depende del trabajo de expertos supuestamente apolíticos en la plantilla de sus ministerios y agencias, y otra cosa muy diferente tener un gobierno dirigido en verdad por un tecnócrata no electo.” Si Draghi opta por seguir transitando la senda del neoliberalismo y la austeridad, “puede que haya de enfrentarse no solamente a una emergencia sanitaria y económica, sino también una de orden público”. Si no hay una respuesta desde la izquierda, lamentaba Gerbaudo, el gobierno tecnocrático de Draghi podría llevar muy pronto a otro liderado por Salvini-Meloni.

Quizá la experiencia Draghi termine en una reacción pendular, que acabe, a falta de alternativas, convirtiendo a los tecnócratas en la solución a los mismos problemas que ellos han contribuido a crear. La primera frase del burócrata de Carretera a Volokolamsk es: “Tuve un sueño, era una pesadilla: me levanté y todo estaba en orden”.

Soluciones tecnócratas en la era Biden

Un ejemplo de gestión tecnócrata: a comienzos de febrero, Priscilla Alvarez, periodista de la CNN especializada en inmigración, informaba de que la administración Biden abriría una “instalación (overflown facility) en Texas para la sobrecapacidad de menores inmigrantes no acompañados arrestados en la frontera entre EEUU y México”. Con Trump, los Demócratas se referían a las mismas instalaciones como “niños en jaulas”. La máxima: si hay un problema, se cambia su definición y éste deja de existir.

Publicado en El Quinze, 12 de febrero de 2021.

Entre el periodisme i la traducció.