Kagarlitsky sobre Algirdas Paleckis

por Borís Kagarlitsky

Algirdas Paleckis. Fotografía de Noel St. John. Wikipedia (CC BY 3.0)

La Fiscalía de Lituania ha pedido nueve años de prisión para el político opositor de izquierdas Algirdas Paleckis, acusado de espiar para Rusia. En qué consiste el espionaje es algo que las autoridades lituanas son incapaces de explicar, en la medida en que ellas mismas admiten que el acusado no dio ninguna información secreta. Tampoco disponen de ninguna prueba de su conexión con los servicios secretos rusos si no se tiene en cuenta el testimonio de otra persona implicada en el caso, el empresario Deimantas Bertauskas, a quien la Fiscalía ha recomendado liberar. El “crimen” de Paleckis, que se encuentra desde hace casi dos años bajo arresto, es haber recopilado información sobre los sucesos del 13 de enero de 1991 en Vilna, donde paracaidistas soviéticos y fuerzas especiales tomaron por asalto la torre de televisión. Hubo víctimas por ambas partes y la consecuencia política de aquel suceso fue la secesión definitiva de Lituania de la Unión Soviética, que, sin embargo, se desintegró de todos modos unos pocos meses después.

Según Paleckis, la versión oficial de los acontecimientos escondía una serie de hechos y la investigación llevada a cabo por la justicia lituana fue por completo tendenciosa. Pero, por supuesto, el problema no es solamente cómo evaluar unos sucesos que ocurrieron 30 años atrás, una información que por algún motivo tiene que ser un secreto de Estado y, a un mismo tiempo, de interés para potencias extranjeras (como no sea en el contexto de la tesis sobre la “falsificación de la historia”, que Vilna teme, al parecer, no menos que el Kremlin).

El significado real del “caso Paleckis”, sobre el que ya se ha escrito en varias ocasiones, también en Occidente, es reprimir a los disidentes y prevenir toda crítica a la mitología nacionalista dominante, los vínculos espirituales y todo aquello en lo que descansan los regímenes conservadores, desde Rusia y las repúblicas bálticas hasta Hungría e India.

Huelga decirlo, nuestros guardianes de la patria derramarán lágrimas de cocodrilo por el destino de Paleckis mientras al mismo tiempo nos explican por qué Alekséi Navalni debe estar en prisión y por qué debería abrirse un proceso criminal contra Nikolái Bondarenko. Y, huelga decirlo también, hay muchos representantes de la sociedad liberal dispuestos a convencernos de que lo que ocurre en Lituania es “una cosa completamente diferente”.

No, no es algo diferente, sino exactamente lo mismo. La fealdad de unos gobiernos no justifica los crímenes de otros, y viceversa. El deber de una persona decente consiste en luchar contra la represión y arbitrariedades políticas, contra cualquier régimen que reprima nuestra libertad de expresión y unas elecciones libres.

Nuestra consigna sigue siendo la misma: ¡Libertad para todos los presos políticos!

Kagarlitsky letters, 27 de julio de 2021.

Traducción: Àngel Ferrero