La distancia entre ‘whisky’ y ‘whiskey

¿Se puede desintegrar Reino Unido? La situación tanto en el Norte de Irlanda como Escocia apunta a problemas para el ejecutivo de Boris Johnson en un futuro que podría no ser excesivamente muy lejano.

“Hacemos un whisky excelente, ¡y además lo deletreamos bien!”, protestaba Willi, el conserje de la Escuela de Primaria de Springfield, en un gag de Los Simpsons dedicado al referéndum de independencia escocés de 2014. Por si alguien se ha despistado: en Escocia se utiliza el término ‘whisky’ mientras que en Irlanda se usa ‘whiskey’. Como ésta no es –¿por desgracia para usted y quizás también para mí?– una columna dedicada a la cata de vinos y bebidas espirituosas, digamos que, a grandes rasgos, y exceptuando el sistema de destilado, la bebida viene a ser la misma y dejemos la cuestión aquí. Pero la distancia entre ambos términos, de una única letra, encaja bien como metáfora de la situación que vive Reino Unido estos días, en los que Irlanda y Escocia se han abierto paso hasta el frente en una apretada agenda política marcada hasta la fecha por otras cuestiones.

El 28 de abril la primera ministra de Irlanda del Norte, Arlene Foster, del Partido Unionista Democrático (DUP), anunció su dimisión como líder del partido y jefa del ejecutivo norirlandés después de acumular críticas por la gestión del Brexit y los disturbios a comienzos de mes. Bloomberg señalaba lo obvio al recordar que la dimisión de Foster conllevaba “el riesgo de desencadenar una mayor inestabilidad en una región repleta de disputas sectarias y crecientes preocupaciones en torno al impacto del Brexit”. La dimisión “no era ninguna tormenta en un vaso de agua” para The Guardian, que pronosticaba que su fecha –se hará efectiva en junio– llevará casi con toda seguridad a un “verano difícil” en Belfast. A la inseguridad de cualquier período de transición se suma la cuestión de la elección de un sucesor para Foster. “Parece probable que a la señora Foster le seguirá un dirigente más de línea dura y menos pragmático, en un intento por prevenir la fuga de apoyos hacia grupos como Traditional Unionist Voice”, analizaba el editorial de The Guardian, “esto podría hacer que las políticas conciliadoras sean más difíciles, especialmente en relación al protocolo del Brexit”. “Ello podría acelerar a su vez el debilitamiento de la influencia del unionismo en la política norirlandesa”, continuaba al aventurar que “la posibilidad de que el Sinn Féin, que no logró sus objetivos en las anteriores elecciones por un solo escaño, se convierta en el partido con más representación en la asamblea en 2022 y arrebate el puesto de primer ministro al DUP es ahora muy real”.

Todo ello ocurría días antes de la conmemoración –difícilmente puede llamársela ‘celebración’– del nacimiento de Irlanda del Norte, el 3 de mayo de 1921. Un día antes, el diario irlandés Independent hacía públicos los resultados de una encuesta sobre la unificación de la isla, que contaría con un apoyo del 65% en la República de Irlanda y un 36% en el Norte de Irlanda. Sin embargo, un 57% en el Sur y un 58% en el Norte suscribieron la idea de que la salida de Reino Unido de la Unión Europea facilita la unificación. Según un sondeo anterior para la BBC, una mayoría a ambos lados de la frontera cree que la unificación se producirá en los próximos 25 años. Y el margen de partidarios de permanecer en el Reino Unido va reduciéndose: ahora es de un 49% frente a 43%, con un 8% de indecisos.

En la otra orilla del mar de Irlanda se celebraban, como es sabido, elecciones en Escocia. Un artículo de la BBC intentaba explicar “cómo afectarán las elecciones en Escocia a Irlanda del Norte”. “El resultado enviará un mensaje político a otras partes del Reino Unido”, escribía su autor, Mark Simpson, al observar que “en Irlanda del Norte, el Sinn Féin ha intensificado su campaña para que se someta a voto la unificación irlandesa” y que “si a Escocia se le permite otro voto sobre su futuro constitucional en los próximos años, las demandas del Sinn Féin serán más ruidosas.” Simpson recordaba que, a diferencia del resto del país, tanto en el Norte de Irlanda como en Escocia una mayoría votó en 2016 a favor de la permanencia en la UE. Este periodista se desplazó hasta Stranraer, un municipio en la costa occidental de Escocia más próximo a Belfast que a Glasgow, para sondear el ambiente. Algunos de los testimonios que recogió eran lo suficientemente claros. “Si nosotros nos marchamos, vosotros también”, aseguró un partidario de la independencia al ver el logotipo de la BBC de Irlanda del Norte en el micrófono. “Si nosotros saltamos primero, vosotros vais después”, añadió. “Si una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil”, comentaba Simpson, “estas elecciones serán vistas por algunos como una prueba de resistencia para la Unión.”

¿Hacia una Escocia independiente?

Aunque el Partido Nacional Escocés (SNP) es un indiscutible peso pesado, un artículo de The Guardian ponía el dedo en la llaga al citar un sondeo reciente según el cual el apoyo a la independencia había caído hasta el 42%, el nivel más bajo desde antes de las elecciones generales de 2019. Como posibles razones de esta caída se presentaban el éxito de la campaña de vacunación en Reino Unido o la propuesta del partido Alba del expresidente escocés Alex Salmond de organizar una consulta unilateral.

Publicado en El Quinze, 7 de mayo de 2021.

Entre el periodisme i la traducció.