Heiner Müller: ‘La vida erótica de las hienas’

Rolf Dietrich Brecher / Wikipedia (CC BY-SA 2.0)

Mi aversión a pronunciarme sobre este libro es enorme. Los motivos son múltiples. Náuseas por la hipocresía de los ganadores de la guerra fría. Un cadáver no puede refutar los resultados de su propia autopsia. La mirada histórica hacia la RDA está distorsionada por una pantalla moral con la que se pretende cerrar los agujeros de la propia “totalidad moral”. La función de los medios en este proceso de supresión está determinada por la capacidad de coerción del sistema para desplazar los problemas del centro a la periferia: el margen deviene ZONA, el problema, NOTICIA. Cuando leo que el socialismo de la RDA fue un nacionalsocialismo con rostro humano, mi primer pensamiento es que el autor, un judío, me lleva bastante ventaja en cuanto a cinismo. En una segunda lectura se plantea la pregunta de si todos los diseños sociales de la modernidad no han sido, más o menos, exitosos intentos de hacer cargar a una mayoría con los horrores de la explotación en interés de una minoría, o a diversas minorías en nombre de una mayoría, el fascismo una prueba de laboratorio, el estalinismo una avanzadilla al futuro capitalista: sin hambre no hay pan. Brecht podía hablar todavía de la mitad de la humanidad que vive en el vago recuerdo de la otra mitad. Un tercio de la humanidad es el progreso. La denuncia de la RDA tiene una función exculpatoria. Por vez primera un Estado, uno de los de más corta vida en la historia europea, en última instancia el regalo de un imperio a sus vasallos doblemente vencidos (Tácito: los moros recibieron al rey Nuba como regalo del pueblo romano), ha desaparecido de la pantalla después de cuarenta años de desintegración. Ello proporciona una oportunidad, acaso la última. En el cuerpo de los enemigos muertos puede proyectarse cualquier imagen del adversario para alejar su reflejo del espejo. El nivel del debate sobre el pasado en la RDA es tan bajo que uno solamente puede introducirse en él como “implicado” andando a gachas. (Admito que la posición vertical no es ecológica, la humanidad ha costado mucho y quizá, si no la detiene ninguna revolución, únicamente conoce un fin, la nada.) El nivel lo determinan en esencia los retornados tardíos [Spätheimkehrer, término utilizado en la posguerra para los retornados de los campos de prisioneros, NdT], del Este y del Oeste de Alemania, al útero capitalista, que, debido a la marcha de los mercados, huyendo de sus propios genitales, de las manchas en sus biografías, se han apropiado rápidamente del vocabulario del analfabetismo político, el lenguaje de los idiotas en el sentido griego del término, porque idiotas, en el sentido griego del término, no lo son. Resulta interesante el renacimiento de la comparación con animales en el debate sobre la RDA, que conocemos por los procesos de Moscú y la propaganda antisemita del nacionalsocialismo: desde LOS TENTÁCULOS DE LA STASI (en la guerra civil rusa el pulpo era el capitalismo, en la contrapropaganda el bolchevique no era humano, a menos que tuviese un cuchillo entre los dientes, lo que resulta difícil para los piojos) a la pocilga en el suplemento del ZEIT. (“A quien se atreva a cuestionar la falta de derechos en la RDA le deseo una noche con Günter Schabowski. La vida erótica de las hienas.”) La comparación animal expulsa al enemigo a la zona de exterminio. Del pesado silencio de los vencidos y liberados surge la violencia ciega. Este libro puede ser un impulso al diálogo. Me gustaría que fuese leído. También la historia de la RDA se define, entre otras cosas, a través de la biografía en un contexto histórico, en el que no puede responsabilizarse a los protagonistas sin más. La compasión del nacimiento tardío fue concedida en Alemania oriental solamente en la tercera generación. Para el título: para los hombres a quienes se les deniegan los sueños no hay otra patria que la locura. La terrorífica pregunta del próximo siglo es: ¿Qué se dice en su contra? De la respuesta a esta pregunta depende la supervivencia de la humanidad. Ya no estoy seguro de que el comunismo, como mi padre me leyó cuando tenía ocho años de un libro de un filósofo indio, sea el destino de la humanidad, pero sigue siendo su sueño, para cuyo cumplimiento trabajará una generación tras otra hasta el fin de nuestro mundo.

[ 1993 ]

Heiner Müller, “Für alle reicht es nicht” Texte zum Kapitalismus (Suhrkamp, 2017), pp. 138–140

Traducción: Àngel Ferrero

Entre el periodisme i la traducció.