Los Verdes: traje y barba de tres días

El equilibrio entre el movimiento contra el cambio climático y la clase media ha hecho de Los Verdes un partido de éxito. Movimientos como Juventud por el Clima (Fridays for Future) podrían convertirse en un peligro.

El co-presidente de Los Verdes, Robert Habeck. Fuente: Heinrich-Böll-Stiftung. (CC BY-SA 2.0)

Stefan Reinecke | die tageszeitung

Los Verdes no son, en contra de lo que con frecuencia se afirma, un partido popular, sino el partido de un cierto medio social. No representan a una base social amplia, sino a la creciente clase de académicos de la sociedad del conocimiento, profesionales urbanos que trabajan a menudo en la administración pública. Por ese motivo Los Verdes tienen tanto éxito.

El partido gana elecciones y afiliados porque ofrece al sentir del público algo especial: en cierto modo sigue siendo un poco rebelde (una característica que expresa a la perfección la barba de tres días de [el co-presidente de Los Verdes] Robert Habeck), pero al mismo tiempo extraordinariamente responsables y dispuestos a vestirse de traje y gobernar con los conservadores en 2021.

La imagen de Los Verdes es la oferta perfecta para inconformistas conformistas. Los Verdes poseen el copyright de la protección medioambiental, con la que determinan actualmente buena parte de la agenda política. Pero sus éxitos son más volátiles de lo que se cree. No sería la primera vez que Los Verdes ganan solamente en las encuestas.

Por ese motivo la cúpula del partido observa con nerviosismo la enajenación en los márgenes del ecologismo, las protestas contra la A49 en Hessen, que también se dirigen contra Los Verdes, y la Lista contra el cambio climático que quiere presentarse a las elecciones de Baden-Württemberg.

Tampoco en Juventud por el Clima todos los activistas se muestran entusiasmados por los planes moderados de Los Verdes. Su proyecto para 2021 es la transformación ecológica de la sociedad industrial en cooperación con los conservadores y las grandes empresas. Incluso con una CDU presidida por [Armin] Laschet será una política de pequeños pasos. En consecuencia, las fracturas actuales en el espectro verde no son una irritación pasajera que en algún momento desaparecerá, sino los primeros relámpagos de una tormenta de contradicciones que se descargará más tarde.

La cúpula de Los Verdes ha de mantener el equilibrio. Por una parte, los ecoliberales deben hacerse creíbles, ser la auténtica voz de los movimientos, que reflejan sus propios orígenes, y sonar moderados y flexibles para atraer al votante centrista de Merkel, por la otra. Un camino en el que existe un considerable riesgo de despeñarse.

die tageszeitung, 28 de octubre de 2020.

Traducción: Àngel Ferrero