La reputación de Angela Merkel se resiente por la gestión de la pandemia. Algunos medios de comunicación, que hasta ahora se mostraban más bien reservados, comienzan a criticar a la canciller alemana.

Flickr dronsfields.com (CC BY 2.0)

Leyendo medios alemanes, parece que en las próximas semanas podríamos asistir a la demolición pública del mito de Merkel. Ahora sí: está amortizada y se marcha. Cuestionar su figura se ha convertido en sacrificio necesario para presentar al siguiente canciller como un (re)cambio. Ése podría ser Armin Laschet, el presidente de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) –el partido de Merkel–, Markus Söder, el presidente de Baviera, de la Unión Social Cristiana (CSU) –la formación hermana de la CDU en Baviera–, o incluso Robert Habeck o Annalena Baerbock, los copresidentes de Los Verdes, que desde hace semanas cotizan al alza en las encuestas de intención de voto como consecuencia de los escándalos de corrupción que salpican a la CDU/CSU.

La decisión de la canciller alemana de endurecer las restricciones aprobadas para reducir el número de contagios de Covid en el país, en tendencia creciente, y en 24 horas retirar la batería de medidas, parece que no pasará sin consecuencias. Muchas primaveras han pasado desde que Deutsche Welle publicase en el ahora lejano 2007 un artículo titulado ‘El milagro de Merkel: ¿Hay algo que Merkel no pueda hacer?’. Aunque tampoco es necesario irse tan lejos ni en el espacio ni en el tiempo. “Los ciudadanos miran alrededor y ven a Donald Trump, Vladímir Putin y Boris Johnson y aprecian aún más a una política que no ha recurrido a la retórica belicista ni ha decretado el estado excepcional”, aseguraba en abril del año pasado El País bajo el rótulo ‘El éxito de la canciller científica que encandila al mundo’. Un año media entre lo uno y lo otro.

‘El fin de Merkel está cerca’: así titulaba, sin circunloquios, el periodista Stefan Reinecke su análisis para el taz sobre la decisión del gobierno de dar, en el espacio de unas pocas horas, marcha atrás en las medidas que había decretado para Pascua para contener la cifra de contagios. “Un gobierno que no puede explicar sus medidas de manera convincente pierde algo que en la pandemia es un requisito imprescindible: la confianza de los gobernados”, escribía Reinecke al añadir que “este gobierno está en vías de pulverizar su autoridad”. “Que Merkel ahora valientemente aclare que todo ha sido ‘única y exclusivamente’ su error no carece de estilo”, continuaba este periodista. “¿Acaso no demuestra confianza poder corregir errores? Esta capacidad es una ventaja decisiva de los sistemas democráticos frente a los regímenes autoritarios”, afirmaba Reinecke, aunque se apresuraba a señalar que “éste no es el caso: la opinión pública ve, por encima de todo, que la maga ya no puede hacer más su magia, que el gobierno presiona sin ningún plan botones de alarma que han dejado de funcionar; ya no puede explicar por qué hace lo que hace.”

En paralelo, un médico de Berlín criticaba en el diario suizo Neue Zürcher Zeitung las presuntas irregularidades y malas prácticas de los centros de vacunación, como las aglomeraciones en las entradas. Los pacientes, de acuerdo con este testimonio, llegan “creyendo que en el centro de vacunación se adoptan todas las medidas de precaución, que es exactamente lo que no está pasando”. El médico, que solicitó mantener su anonimato, se declaró “perplejo por la ligereza con la que se vacuna: todos los médicos y empleados que trabajan en un centro de vacunación deberían al menos pasar antes un test rápido, de lo contrario, en el peor de los casos un centro para protegernos del coronavirus se convierte en un centro para su propagación.”

El diario junge Welt se hacía eco de un tuit de la copresidenta de La Izquierda, Susanne Hennig-Wellsow, sobre la ventana de oportunidad abierta para la formación de un tripartito entre ecologistas, socialdemócratas y poscomunistas. Según un sondeo de Allensbach, este bloque de centro-izquierda lograría el 47’5% de los votos frente al 47% resultante de la suma de la CDU/CSU, FDP (liberales) y la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD), mientras que en la encuesta de intención de voto de Forsa se producía un empate entre el bloque de la izquierda y el de la derecha. Hennig-Wellsow remachó que es momento “no solamente de pensar otra política sin la CDU y el FDP, sino de hacerla.”

En fin, lo que no pudo la crisis de la eurozona parece que lo ha logrado el coronavirus: revelar las fallas del modelo alemán incluso a algunos de los más enardecidos fans de Merkel. Un patógeno microscópico ha escrito en la pared de la cancillería de Berlín ‘mene tekel’: “Dios ha contado tu reino y le ha puesto fin, has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso”. Un partido demócrata cristiano debería entender la metáfora.

Söderweg’

Es posible que la caída en desgracia de Merkel aumente las posibilidades de Söder de ser elegido candidato de la CDU/CSU para las elecciones de otoño. Thomas Meany bautizó esa vía en un artículo para New Left Review como ‘Söderweg’, un juego de palabras con la teoría de que Alemania siguió un “camino especial” (Sonderweg) en su trayectoria histórica moderna. Meany destacaba del presidente bávaro su capacidad de cambiar sus posiciones –abriéndose al ecologismo, por ejemplo– sin verse perjudicado.

Publicado en El Quinze, 9 de abril de 2021.

Entre el periodisme i la traducció.