Los buenos resultados conseguidos por Los Verdes en las pasadas elecciones regionales en Alemania acercan un poco más a la formación a su entrada en el gobierno federal este otoño, pero ¿a qué precio?

Rolf Dietrich Brecher, Wikipedia (CC BY-SA 2.0)

El periodismo es con demasiada frecuencia una profesión que se ejerce a contrarreloj. Muchos son los inconvenientes y existen numerosos tratados teóricos al respecto para quien quiera consultarlos, pero señalemos una de las ventajas, aunque sea involuntaria, de este gaje del oficio: un poco como ocurre con la escritura automática, la escasez de tiempo hace que aflore el inconsciente del periodista a través de los estereotipados recursos retóricos que utiliza, y, de ese modo, que la ideología se revele con mayor claridad en su texto. Pocas ideas han reciclado más los medios –por pereza, por inercia o por pura ideología– que la de que Los Verdes son algo así como un novedad política. También pocas ideas son más falsas.

En Krieg, Atom, Armut. Was Sie reden, was sie tun. Die Grünen [Guerra, energía nuclear, pobreza: lo que dicen y lo que hacen Los Verdes] (Rotbuch, 2011), Jutta Ditfurth ajustaba cuentas con el partido que ayudó a fundar. Para la autora, Los Verdes son ya “un partido como cualquier otro”, escribía, “pero más hábiles que el resto a la hora de aparentar lo que no son.” Desde 1985, recordaba, Los Verdes han participado en más de una treintena de gobiernos de coalición, incluyendo el ejecutivo rojiverde del canciller Gerhard Schröder (1998–2005). Lejos de sus orígenes en la izquierda alternativa, Ditfurth aseguraba que la mayoría de sus cargos son “representantes de una clase media afluente que puede permitirse comida saludable, separa los residuos, lleva a menudo a sus hijos a escuelas privadas y dispone de suficiente tiempo y dinero para viajes en avión nada ecológicos.” En un artículo publicado en enero en New Left Review, Thomas Meany describía cómo los cambios en la estructura social de Alemania que produjeron ese desplazamiento en la base de Los Verdes han modificado también la estrategia política de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Angela Merkel, que se marcó el objetivo de “forjar una alianza funcional entre los principales sectores de la industria orientada a la exportación y las clases medias progresistas”. La clave del éxito de Los Verdes descansa principalmente aquí y la importancia del debate ecológico es una feliz casualidad. En las elecciones en Baden-Württemberg el candidato de Los Verdes, Winfried Kretschmann, incluso recicló como lema de campaña una frase de Merkel del año 2013: “Ya me conocen” (Sie kennen mich).

La presentación el pasado 19 de marzo del programa electoral para las elecciones generales de otoño no hizo más que confirmar lo anterior. Su lema es “Alemania: todo esta ahí” (Deutschland. Alles ist drin.). No hay que cambiar las cosas, sólo gestionarlas: Los Verdes como tecnócratas de la nueva burguesía. “Una protección del medio ambiente conforme al mercado” es “una quimera”, criticó la copresidenta de La Izquierda, Janine Wissler, en declaraciones al diario junge Welt. “El capitalismo y una economía sostenible no se avienen”, destacó Wissler al lamentar que la formación eco-liberal transmite “la ilusión de que todo sería posible sin necesidad de luchas sociales ni de tomar decisiones claras”. Meses atrás Peter Nowak calificó a Los Verdes en Telepolis como “el partido de la nueva fase de acumulación del capitalismo”, que, adoptando una retórica ecologista puramente oportunista, permite a los intereses económicos poner en marcha una nueva fase de acumulación por desposesión. “De este modo”, reflexionaba Nowak, “puede desentenderse del movimiento obrero surgido del capitalismo fósil, y con él, de sus éxitos duramente conseguidos”. El copresidente de Los Verdes, Robert Habeck, lo expresó sin tapujos en una conferencia para el Instituto de Economía Alemán (IW): “El capitalismo nos ha traído un éxito inconcebible. En el mundo se vive en términos generales mejor, con más seguridad, riqueza y satisfacción, más salud y más años que nunca para una generación humana en nuestro planeta.”

Según los sondeos, Los Verdes se mueven actualmente entre una intención de voto del 17% y 21%, por detrás de la CDU (29%-33%), pero por delante de los socialdemócratas. Aunque los casos de corrupción están desgastando a los conservadores y podría abrirse una ventana de oportunidad a un tripartito federal entre verdes, socialdemócratas y postcomunistas, la cúpula de Los Verdes no parece ni siquiera haberse planteado la propuesta y mantiene firme su apuesta por una alianza con los conservadores. Una coalición que, como alertaba Tomas Konicz en Telepolis, no les conduciría a convertirse en una herramienta para frenar y revertir el cambio climático, sino a “degenerar en el gestor del colapso ecológico”.

Al otro lado de la frontera

Para Alemania, Austria es una suerte de laboratorio político. Su canciller, el conservador Sebastian Kurz, se ha demostrado capaz de pasar de una coalición de gobierno con la ultraderecha a otra con Los Verdes sin rasguños. Al menos hasta ahora. Der Standard se preguntaba la semana pasada si el ejecutivo austriaco no estaba a un paso de la ruptura teniendo en cuenta la desconfianza mutua y la falta de una estrategia clara. Por ahora se mantiene, añadía el periódico, por la falta de alternativas.

Publicado en El Quinze, 26 de marzo de 2021.