Alexandria Ocasio-Cortez y otros candidatos progresistas se imponen en las primarias del Partido Demócrata en Nueva York, dando alas a las esperanzas de cambio. Pero no todo el mundo lo ve tan claro.

Alexandria Ocasio-Cortez @ SXSW 2019, Ståle Grut — NRKbeta, Flickr. (CC BY-SA 2.0)

No estaba todo acabado después de Bernie Sanders. La semana pasada varios candidatos progresistas se impusieron en las primarias de Nueva York: Alexandria Ocasio-Cortez en el distrito 14º, Jamaal Bowman en el 16º, Mondaire Jones en el 17º. La primera –a la que la prensa estadounidense se refiere frecuentemente por sus siglas: AOC– es, sin duda, la más conocida internacionalmente tras una sorprendente victoria en 2018 que la convirtió en la congresista más joven de toda la historia de EEUU, pero este año Bowman se ha erigido, como lo describía La Vanguardia, en el “cabecilla de los insurgentes” tras desbancar al veterano Eliot Engel, de 73 años y con 16 mandatos a sus espaldas, que había recibido el apoyo de pesos pesados del partido como Hillary Clinton, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, o el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. Bowman, de 44 años y sin experiencia política, había trabajado 10 años como profesor y director de escuela antes de saltar a la palestra. Como Ocasio-Cortez, pertenece a los Socialistas Democráticos de América (DSA), una organización que en los últimos años ha visto incrementar su militancia hasta los 70.000 miembros.

“La pasada noche electoral fue un soplo de aire fresco y sugiere que muchos de los demócratas en el cargo siguen siendo vulnerables al desafío de candidatos insurgentes de la izquierda, lo que demuestra, pese a la derrota de Sanders, que las ganas de una agenda transformadora que incluya un Green New Deal, una ambiciosa reforma del sistema judicial y un sistema de sanidad público universal no han desaparecido”, comentaba Luke Savage en Jacobin, la revista de cabecera de la DSA que ha ayudado a impulsar a la organización y revitalizar a la izquierda estadounidense. Con todo, Ben Norton y Max Blumenthal enfriaban no hace mucho los ánimos en su podcast, Moderate Rebels, recordando que todas estas victorias ocurren en Nueva York y, posiblemente, no puedan extrapolarse al resto del país, al menos por ahora.

Hay más. Un amigo mío sospecha que Ocasio-Cortez encaja en demasiadas casillas como para ser un fenómeno espontáneo, más aún si se tiene en cuenta los carriles por los que discurre la política actual. “Mujer, joven, mestiza, fotogénica, ¿estamos seguros de que no ha sido sintetizada en un laboratorio del Partido Demócrata?”, se preguntaba. No es el único. Hace un par de años Andrew Stewart buceaba en Washington Babylon –un confidencial gonzo sobre política estadounidense– en el pasado político de la flamante congresista. Ocasio-Cortez trabajó en el despacho del senador Ted Kennedy –miembro del influyente clan– “desde comienzos de 2008, cuando tenía 19 años, hasta su fallecimiento en el verano de 2009” y antes “participó en el programa parlamentario del Instituto Nacional Hispánico Lorenzo de Zalvala”. Aunque los medios la presentaron “como alguien que se radicalizó por la campaña de Bernie Sanders, éste es el currículo de alguien que quiere presentarse a un cargo público desde su adolescencia”. “Incluso me pregunto si se unió a la DSA porque vio un ella un manantial de becarios y personal voluntario para la campaña que llevaba planeando desde la administración de George W. Bush”, sopesaba Stewart. “Desde luego, la narrativa ‘milagro en las primarias’ es, en parte, una grandísima parida mitológica”, seguía, “AOC tenía conexiones dentro del Partido Demócrata con las que habría sido capaz de trabajarse un distrito vulnerable, pero liberal, como era el de Joe Crowley (sí, claro, él era muchísimo peor): ése es el modus operandi de una operación de los Kennedy, hecha desde arriba, les he visto hacerlo desde siempre”.

“En España abundan los intelectuales avanzados”, observó el periodista soviético Ilyá Ehrenburg en su crónica sobre la Segunda República, España, República de trabajadores (1932). “Están enterados de todo: han leído el programa de la asamblea de Járkov”, continuaba, “conocen a los ‘populistas’ de París y la última película de Eisenstein”. “Lo único que no conocen”, lamentaba Ehrenburg, “es su propio país […] toda la tragedia de un pueblo paciente, pero doblemente amenazador en su paciencia”. Haciéndose eco de Ehrenburg, José Manuel Ruiz ironizaba desde su cuenta de Twitter como sigue: “Vuestra intensa y artificial preocupación por la política americana equivale a que unos campesinos de Judea en el siglo I d.C. se pusieran a debatir sobre el impuesto a la orina de Vespasiano.” ¿Quién no se acuerda de la carrera de nuestras fuerzas vivientes para reunirse diez minutos con Barack Obama en 2016? O homines ad servitutem paratos! Buscadlo en Google.

El anti-Ocasio

El ABC optó por publicar un perfil de Madison Cawthorn, ganador de las primarias republicanas para uno de los escaños de Carolina del Norte, a quien describe como un “joven de 24 años” y “un seguidor acérrimo de Trump”. De ganar, Cawthorn –que en la fotografía que acompañaba al artículo aparecía cargado de armas de fuego– podría convertirse en el congresista más joven de EEUU. Según el medio, el Partido Republicano ya busca “promocionar a Cawthorn como la respuesta conservadora a Ocasio-Cortez”.

Publicado en El Quinze, 3 de julio de 2020

Entre el periodisme i la traducció.