Olor a contenedor quemado

La detención de Pablo Hasél y las protestas en los días posteriores a su encarcelamiento llegan a los medios de comunicación internacionales y contribuyen al deterioro de la imagen global de España.

Mural por la libertad de Pablo Hasél realizado por Cinta Vidal en Cardedeu. Wikipedia (CC BY-SA 4.0)

Cuando todavía no se habían apagado las cenizas del incendio provocado por la visita de Josep Borrell a Moscú, los spin doctors de Moncloa han de correr con los cubos de agua a apagar el siguiente fuego. Parece como si hubieran pasado años desde que la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, presumiera hace un par de semanas en un acto de campaña del PSC de que España “es una gran democracia admirada y respetada en el mundo”. “Lo voy diciendo ya unas cuantas veces estos días y lo voy a seguir repitiendo”, añadió, “porque creo que es importante saber en qué suelo pisamos.” Resulta que el suelo está cubierto de restos de plástico y líquido inflamable, al menos en algunas calles del centro de Barcelona, pero puede que cuando uno pisa mucha moqueta roja acabe perdiendo el contacto con el asfalto. La política de contención de daños de la diplomacia española ha demostrado una vez más su escasa efectividad: la noticia de la detención del rapero catalán Pablo Hasél y de las protestas durante los días siguientes no tardó en cruzar las fronteras y contribuir al deterioro de la imagen internacional de España.

“España ha puesto al rapero Pablo Hasél entre rejas y proporcionado un nuevo ejemplo de cómo los jueces proceden contra artistas, músicos y políticos críticos”, escribía por ejemplo Till Bartels en el semanario alemán Stern. El artículo de Bartels citaba el último informe de Freemuse (una organización que monitoriza el estado de la libertad de expresión en el mundo), en el que España lideraba la lista de artistas encarcelados con 14 personas, por delante de Irán (13), Turquía (9), Myanmar (8), Egipto (6), China (5) y Rusia (4). Para el británico The Guardian, el encarcelamiento de Hasél “expone las líneas de fractura de la libertad de expresión en España”, y recordaba los casos de Valtonyc, del semanario satírico El Jueves y Cassandra Vera, entre otros. Los autores del artículo, Victor Lloret y Julius Purcell, entrevistaban también a un juez retirado que habló con el diario bajo condición de anonimato. “La mentalidad de algunos jueces es muy conservadora, tienen ideas sobre los derechos fundamentales que no son de progreso… y eso conduce a éstas interpretaciones”, opinaba este juez antes de calificar la sentencia contra Hasél de “absolutamente desproporcionada”: “Estamos poniéndolo al mismo nivel que apuñalar a alguien.”

En vez de presentarlos como una turbamulta incendiaria, el diario alemán Die Zeit se tomó la molestia de entrevistar a algunos de los participantes en las manifestaciones. Aquí dos extractos: “No salgo a la calle por este o ese rapero, sino porque veo su encarcelamiento como un ataque a la libertad de expresión” (Janira, 22 años), “Las protestas no van de si me gustan las canciones de Pablo Hasél o no, si apruebo sus letras o no, eso debería estar bajo la libertad de expresión” (Pablo, 24 años). También lo hizo el medio estadounidense NBC, que recogía el testimonio de un tal Pepe Ivorra, de 18 años: “Humildemente, considero que es una vergüenza y una anomalía democrática que en un país europeo del siglo XXI haya gente en prisión por sus ideas.” El resto de titulares, por el estilo: “Brutalidad policial en vez de libertad de expresión”, afirmaba el alemán junge Welt. “España, como Turquía”, aseguraba el italiano Il Manifesto; “Libertad de expresión en España: el rapero Pablo Hasél arrestado por injurias a la monarquía”, informaba France 24; “Las protestas violentas sobre el arresto de un rapero y las acusaciones de brutalidad policial sacuden Cataluña por quinto día consecutivo”, consignaba CNN.

Desde Rusia, algunos señalaban de nuevo el doble rasero de Europa. “La policía en España es violenta, pero al país le preocupan los derechos humanos en Rusia”, protestaba Anastasia Popova en Vesti. “Han arrestado en España al rapero Hasél, quien, después del comienzo del conflicto militar en el sureste de Ucrania, organizó en España varios conciertos en apoyo de la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk”, comentó el escritor nacionalista ruso Zajar Prilepin en su cuenta de Telegram al recordar que “el dinero recaudado en los conciertos lo envió a los milicianos de Donbás”. Prilepin terminaba su observación pidiendo que Moscú respondiese oficialmente a la detención de Hasél, en respuesta, también, al tratamiento informativo de la detención de Alekséi Navalni en Occidente: “¿Por qué aún no hemos intercedido por él y creado un precedente, cubriendo en respuesta el ruido en torno al ‘precedente alemán’?” ¿Acaso tenemos tantos defensores y camaradas fuera de la Federación Rusa?”

Caracas también critica la detención de Hasél

El ministro de Exteriores de Venezuela, Jorge Arreaza, se hizo eco de la noticia en Twitter: “Imposible no expresar mi solidaridad con el rapero catalán Pablo Hasél. Un caso incomprensible. Ojalá haya reflexión por parte de las instituciones. Aunque si refugiaron y protegen hoy a un terrorista como Leopoldo López…” Días después cargó contra Pedro Sánchez por criticar la violencia en las protestas, ya que “España apoyó abiertamente las manifestaciones violentas” de las guarimbas de 2014 y 2017.

Publicado en El Quinze, 26 de febrero de 2021.