Tras las elecciones en Rusia el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) ha de tomar una decisión sobre su futuro

por Reinhard Lauterbach

El Estado ruso continúa reprimiendo la protesta de los comunistas contra los resultados electorales con medios legales y policiales. Después de una concentración de protesta en el centro de Moscú en la que participaron alrededor de mil personas la tarde del domingo, hasta 60 miembros del Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) fueron arrestados. Al mismo tiempo, las autoridades impidieron a los abogados del partido el intento de presentar una denuncia contra la elección on-line en Moscú. El PCFR acusa a las autoridades de haber impedido la victoria de sus candidatos en 11 de los 15 distritos electorales donde la elección era por mandato directo, “arrojando” poco antes del cierre de la votación en el voto electrónico votos a favor de los candidatos del partido gubernamental, Rusia Unida. Valeri Rashkin, el coordinador del PCFR en Moscú, calificó la tarde del domingo a estos diputados de “usurpadores” y anunció que el partido nunca reconocería su legitimidad.

En esta situación cada vez es menos claro si esta rebelión parcial contra Vladímir Putin es compartida por todo el PCFR. Es destacable la ausencia en la concentración del presidente del partido, Guennadi Ziugánov. El canal de televisión estatal Rossiya 24 mostraba simultáneamente imágenes de Ziugánov en conversación con Putin. De acuerdo con fuentes oficiales del PCFR, Ziugánov expresó al presidente ruso su protesta contra los resultados electorales oficiales. Sin embargo, se informó también que Putin ha instruido a su administración ofrecer al PCFR una mejor posición en la futura Duma, incluyendo la presidencia de importantes comisiones.

Lo que está en juego es relativamente claro: el Kremlin quiere obligar al PCFR a tomar una decisión. Entre un papel como principal fuerza de la oposición reconocida simbólicamente y a la que le corresponden en consecuencia recompensas en forma de puestos y privilegios, o la lealtad hacia sus votantes, que seguramente no confiraron su papeleta al PCFR para que llegase a un acuerdo por debajo de la mesa con el partido oficialista. Este regalo envenenado a los comunistas evidencia el dilema: el equipo para las elecciones de Alexéi Navalni, que se encuentra en el extranjero para evadir a las autoridades rusas, afirmó a comienzos de la semana que el PCFR, con las protestas por las elecciones, “ha vuelto a erigirse en una fuerza de oposición”.

La afirmación del representante de Navalni Leonid Volkov no es tan trivial como pudiera parecer. En la topografía electoral de Rusia, Moscú no era hasta la fecha un bastión incondicional del PCFR, sino más bien de los liberales organizados políticamente. Esta hipótesis se confirma si se tiene en cuenta que una parte sustancial de los votos que recibieron los comunistas de Moscú y que ahora consideran robados son el resultado de la campaña de Navalni para un “voto inteligente”: la llamada a sus partidarios a votar a la fuerza de la oposición con más posibilidades de ganar sólo porque no era Rusia Unida. Todo ello pudo verse en la concentración de protesta: reporteros de Deutsche Welle y la BBC informaron de un pulso tenso entre los “verdaderos” comunistas y los partidarios de Navalni sobre la cuestión de si habían de ondear banderas rusas o rojas. También hubo discusión entre participantes en torno a la consigna “Libertad para Navalni”.

Este conflicto promete ser más que un breve intermedio, ya que su posición actual como indiscutible segunda fuerza del sistema de partidos ruso la debe el PCFR en buena medida al sistema de “voto inteligente”, aunque sea difícil evaluar en un primer momento hasta qué punto. Para los representantes de las bases y los movimientos sociales éste es a corto plazo el menor de los problemas. Incluso entre los candidatos de la lista del PCFR de Moscú como Mijaíl Lobanov, que figuraría entre las víctimas de la supuesta manipulación del voto electrónico, está extendida la idea de que las diferencias frontales entre la izquierda y la oposición en torno a Navalni se sitúan en segundo plano mientras éste se encuentre en prisión. El ala parlamentaria del PCFR se encuentra en cambio ante un dilema estratégico: ¿Debe mantener sus puestos, y satisfacer la voluntad de Putin, o mantener sus fundamentos políticos, y satisfacer la voluntad de la oposición?

junge Welt, 30 de septiembre de 2021.

Traducción: Àngel Ferrero

Entre el periodisme i la traducció.