Sobrevivir lo es todo”

Heiner Müller sobre el oportunismo y la militancia después del fin de la RDA

Rolf Dietrich Brecher / Wikipedia (CC BY-SA 2.0)

Profil: Tras el desplome de la RDA autores como Christa Wolf o Christopher Hein se han retirado de la vida pública para reflexionar, quizá para escribir. Usted, en cambio, ha dado un paso al frente con dos nuevos cargos, como presidente de la Academia de las Artes y como codirector del Berliner Ensemble de Brecht, ¿por qué?

Heiner Müller: Buena pregunta. Hay un relato de Brecht sobre los gatos. El señor Keuner no podía soportar a los gatos, pero cuando oía uno frente a su puerta, se la abría. Le preguntaron por qué. “Ha llamado”, respondía el señor Keuner.

Profil: ¿Y a usted también lo llamaron?

Müller: Sencillamente, es difícil que me resista a una llamada. Es una debilidad. Seguramente tiene que ver con muchas influencias, ninguna buena. Si diez, doce personas vienen y me dicen “tienes que ser el presidente de la Academia”, aunque digo varias veces que no, en algún momento ya no tengo más argumentos y entonces acepto. Esta debilidad es un problema, quizá incluso un pecado.

Profil: ¿Y por qué ha aceptado el nombramiento como codirector del Berliner Ensemble? ¿Hay motivos históricos o biográficos?

Müller: Hace cuarenta años me rechazaron como estudiante de máster. Fue una profunda humillación. Puede que sea un motivo para interesarme ahora por la dirección del Berliner Ensemble.

Profil: El Museo Brecht en el Berliner Ensemble pasará a estar bajo una nueva dirección contra la voluntad de una mayoría de la plantilla, que permanecerá en el teatro enfadada pero sin posibilidad de ser despedida.

Müller: En el Berliner Ensemble hay desde hace diez años algo así como un saldo de Brecht. Se ha vendido a Brecht a los turistas, y además bastante tirado de precio.

Profil: Las puestas en escena de las obras de Brecht se remontan mientras tanto a unos quizá diez, quince o veinte años, pero los turistas de todo el mundo siguen considerando imprescindible asistir a ellas.

Müller: Ése es el principal problema. La gente aplaude de pie las mayores mierdas. Y la mayoría de la plantilla utiliza el éxito de público como un argumento contra la nueva dirección.

Profil: Quienes conocen el sector no profetizan que este directorio vaya a durar mucho. Se lo considera demasiado heterogéneo, demasiado individualista, compuesto por personas demasiado célebres. Cinco solistas no componen un equipo.

Müller: Nuestro interés común es apartar este teatro del mercado, a pesar de las obligaciones de los convenios y las presiones económicas que hay en el mundo del teatro alemán. Tenemos visiones utópicas de otro tipo de teatro. De ahí vino la idea de una sociedad limitada: o funciona o no, y en dos años nos habremos arruinado o no.

Profil: Resulta difícil imaginarse sobre todo que Peter Zadek, que es responsable del fracaso multimillonario de Der Blaue Engel [‘El ángel azul’], pueda ser un defensor de alejarse del mercado.

Müller: Eso es justamente lo bueno, que Zadek ha fracasado por completo en Berlín con su hibris populista. Quería hacer en el Berliner Ensemble un Fausto muy barato, también en lo que respecta a su estética.

Profil: ¿Cómo se lleva con el aparato teatral?

Müller: La burocracia occidental no es tan diferente de la burocracia de la RDA. Ésta era primitiva, brutal, pero también predecible. Uno podía calcular por dónde vendría el golpe del contrincante. Ahora es más complejo.

Profil: En cualquier caso, ha encontrado tiempo incluso para su propia autobiografía. ¿Por qué ha escogido este momento para escribirla?

Müller: Se terminaba una época, también para mí, también para la escritura. Incluso si el fin de la RDA se podía haber pronosticado, se podía ver venir, uno se cae por un agujero.

Profil: ¿Se siente presionado para justificarse? ¿Se refiere a que hubo de presentar un ajuste de cuentas por haber pasado cuarenta años viviendo en la RDA?

Müller: Sin duda. También creo que doy demasiadas explicaciones. Pero estas conversaciones grabadas con mi lector sucedieron en una situación de inquisición y caza de brujas. La tendencia era: todos los que se quedaron en la RDA eran unos cerdos, ninguna persona con moral podía haber permanecido en la RDA. Esto es una tontería, naturalmente, pero explicarse era un imperativo en esta situación.

Profil: Su autobiografía ofrece numerosas explicaciones para su voluntad de permanecer en la RDA, y todas pueden resumirse en que una dictadura, como material, es más productiva para el dramaturgo que una democracia. ¿Cómo pudo una dictadura ser para usted, como dramaturgo, una ventaja cuando la mayoría de sus obras fueron prohibidas por la censura?

Müller: Fue una ventaja. La prohibición de una obra proporcionaba la energía para la siguiente. Debe verse de este modo: la próxima obra siempre la escribía a partir de la experiencia de que la precedente no se había escenificado. Es una manera de conservar la energía. Si la obra hubiera sido un éxito, no habría tenido más energía para escribir la siguiente.

Profil: ¿Pero no quedaban sin efecto sus obras al no alcanzar el escenario y con él el público para el que las escribía?

Müller: Una existencia como autor es una existencia fuera de toda sociedad. Mi único problema fue siempre la supervivencia. Sobrevivir biológicamente. Siempre me he esforzado con denuedo por escribir mis obras para que pudiesen ser aceptadas. Se me llevaban realmente los demonios, era completamente cínico hacia mi propio texto con tal de que fuese escenificado. El dramaturgo es mucho más oportunista que el novelista. Lo que pasaba a partir de entonces ya no era relevante para mí.

Profil: ¿Cómo sobrellevó el acoso de unas autoridades cuyo nivel era inferior al suyo?

Müller: ¡De ese modo es más fácil de soportar! Es muy simple. Que te dé problemas alguien que tiene un nivel superior al tuyo es humillante.

Profil: ¿No es la humillación mayor cuando proviene de alguien a quien se desprecia?

Müller: No, para nada, ¿dónde está ahí la humillación?

Profil: En que personas que no tienen ninguna idea prohibieron sus obras.

Müller: Siempre supe que Honecker era un hombre sobrecargado de trabajo que no estaba informado. Pero un dirigente sin título universitario ni oratoria me resultaba más cercano que el portavoz de un grupo parlamentario en el Bundestag en Bonn, con todo su instrumental teórico para el dominio. En la RDA no había nada de eso.

Profil: Así las cosas, ¿cuál es su estado de ánimo ahora mismo?

Müller: Me remito a la gran frase de Brecht: “Hemos venido aquí para luchar, luchemos pues”. Más no se puede hacer.

1992

Heiner Müller, Werke 12 (Suhrkamp, 2008), pp. 252–256

Traducción: Àngel Ferrero