España se convierte en la excepción a la hora de valorar el acuerdo para la reconstrucción económica alcanzado la semana pasada en Bruselas. La izquierda europea es crítica y Rutte no sale malparado.

Playa de Benidorm en los sesenta. Imagen: Wikipedia.

La frase del titular es, como es notorio, el eslogan ideado por el Ministerio de Información y Turismo en 1960 para promover el turismo internacional. España, venía a decirse, no era ni mejor ni peor, era “diferente”. Con el turismo en horas bajas y la desconfianza manifiesta de algunos extranjeros hacia las medidas adoptadas contra la pandemia de COVID-19, al menos nos podemos consolar sabiendo que España es ‘different’ en la percepción del acuerdo del Consejo Europeo (EUCO) para la reconstrucción económica alcanzado en Bruselas. El ejecutivo de Pedro Sánchez lo ha calificado de “histórico” y hasta de “magnífico”, y pocos se han atrevido a cuestionarlo bajo el riesgo de ser condenados al ostracismo social o periodístico. Con un pie en la tinaja de Diógenes, aquí puedo escribir, como mínimo, que contrasta el entusiasmo del que ha hecho gala la izquierda española con la opinión de sus homólogos en otros países.

Basta un somero vistazo. La Francia Insumisa publicó un comunicado calificando el acuerdo de una “muy mala noticia para los pueblos europeos” que conducirá a “un mayor aumento de la deuda estatal sin que se consideren medidas para cancelarla”. El eurodiputado de La Izquierda alemana, Martin Schirdewan, hablaba en el Neues Deutschland de “un día negro para la Unión Europa” y aseguraba que “antes de calificar el acuerdo de ‘histórico’ habría que estudiarlo con atención”. El junge Welt señalaba cómo “las divisiones son más profundas y el dominio franco-alemán ha dejado de funcionar en todo” mientras “la fractura entre Norte y Sur se confirma y se cementa”. “Se acuerda la próxima crisis”, titulaba el tageszeitung al recordar que “los subsidios se han recortado de 500 a 390 mil millones de euros” y que “no nos encontramos ante un programa de estímulo” ya que “una vez se desembolse la ayuda, la UE mantendrá su política de austeridad”. El eurodiputado del Bloco de Esquerda José Gusmão publicaba en Esquerda ‘Cinco notas sobre el dinero que (no) viene’, en las que lamentaba cómo el acuerdo alcanzado “representa una victoria de todos los países que se llaman a sí mismos ‘frugales’.” El Partido Comunista Portugués (PCP) consideraba “insuficiente” el Fondo de Recuperación y criticaba cómo abre la puerta a “una mayor interferencia de la UE en la elección de las opciones de inversión y otras decisiones soberanas de los Estados miembro”. Para el eurodiputado irlandés Chris MacManus el acuerdo definitivo ha sido “peor de lo esperado” y su partido, el Sinn Féin, considera que será “desastroso” para las comunidades rurales. “La solidaridad es importante”, valoraba la presidenta del Partido Socialista holandés (PS), Lilian Marijnissen, “pero ante lo que nos encontramos es un monstruo que se vende con el nombre de ‘unidad’ mientras se enfrenta a unos estados con otros”. El Partido del Trabajo de Bélgica (PTB) ponía el dedo en la llaga al apuntar a “la participación socialdemócrata en el gobierno de tres países frugales (Holanda, Dinamarca y Suecia)” y “ecologista en dos de ellos (Austria y Finlandia)”.

Aunque los Frugal Four fueron los villanos mediáticos de este episodio, el Grupo de Visegrado (V4) –formado por Hungría, Polonia, la República checa y Eslovaquia– también hizo acto de presencia. “Kiharcoltuk!” (‘¡Lo hemos luchado!’) gritó el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, desde su página de Facebook, presentando el acuerdo como una victoria. “No sólo hemos logrado obtener un buen paquete de ayudas, sino que hemos defendido el orgullo de nuestras naciones”, alardeó Orbán. La corona de laurel también se la colocó sobre sus sienes con sus propias manos el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, quien, en unas declaraciones a los reporteros recogidas por Reuters, afirmó que “no se privará a Polonia ni de un solo euro”. “El resultado de la cumbre europea es bueno para la República checa, estoy contento con los resultados”, dijo el primer ministro checo, Andrej Babis.

Extraña victoria, pues. Todos los jefes de gobierno han vuelto a sus castillos como ganadores mientras sus campesinos saben, aunque no se atrevan a decirlo más que en voz baja, que de esta batalla salen todos, sin distinción, como perdedores. Aquí no ha habido ningún Momento Hamilton del que habla pedantescamente la prensa, sino un Momento Céline: “Todo lo que se leía, tragaba, chupaba, admiraba, proclamaba, refutaba, defendía, todo eso no eran sino fantasmas odiosos, falsificaciones y mascaradas, hasta los traidores eran falsos.” La cruda verdad es que España es para la mayoría un sitio no mejor, sino peor, aunque para algunos sea, simplemente, ‘different’.

Todos han ganado

Pedro Sánchez fue recibido en La Moncloa a su regreso de Bruselas con aplausos y vítores de su gabinete de ministros. Pero también lo hizo el primer ministro holandés, Mark Rutte, quien recibió elogios de los medios de su país: el vilipendiado líder de los ‘frugales’ “ha mostrado entereza” (Telegraaf) y dado “un paso histórico” que ha generado “un nuevo campo de fuerzas en Europa” (NCR Handelsblad). La diputada del partido de Rutte (VVD) Aukje de Vries le atribuyó “una hazaña propia de húsares”.

Publicado en El Quinze, 31 de julio de 2020.