“Ucrania, el país y su población”

La noción de Europa oriental y del Imperio ruso como un territorio colonial o incluso a repoblar por los alemanes que sufrían bajo una supuesta “sobrepoblación” contaba con tradición en Alemania ya antes de la Primera Guerra Mundial. Las grandes reservas naturales y las enormes superficies agrícolas cultivables de los países orientales resultaban atractivas a los protagonistas de una política imperial. Teóricos como el publicista Paul Rohrbach reclamaban la creación de “estados tapón” independientes contra el “coloso en el Este” ruso. De este modo, los pueblos no rusos del Imperio ruso habían de quedar ligados a Alemania y se podía ampliar la influencia alemana hasta lo más profundo del Este. Durante la guerra, el general Erich Ludendorff propagó la formación del “País del Este septentrional”, un Estado que había de agrupar a varios países de Europa oriental y situarse bajo la protección del Imperio alemán.

Como los “ocupantes extranjeros” rusos dominaban civilizatoriamente la región, se planeó el “cultivo” de los habitantes de Polonia oriental, Lituania y Curlandia. En una publicación del Mando Supremo oriental se afirma: “De prosperar de los horrores de la guerra un futuro mejor, más feliz, una redención de la sorda presión de la ocupación extranjera, sus pueblos deberán aprender a apreciarse y amarse los unos a los otros con todo el amor. El reconocimiento de su gran enemigo común ayudará a superar las contradicciones […] y obtener lo mejor de ellos mismos y de la Europa que hoy se desangra por mil heridas.” (Citado en Gerd Koenen, Der Russland-Komplex, p. 73).

Estas ideas de reordenación de Europa oriental a costa de Rusia parecían realizables tras el armisticio en el frente oriental en 1917. Después de que se aplazasen las negociaciones con los bolcheviques el 20 de enero de 1918, sin resultados, las potencias centrales de Alemania, Austria-Hungría y Turquía acordaron con Ucrania, hasta entonces perteneciente al Imperio ruso, una paz especial el 9 de febrero de 1918. De este modo, la cúpula dirigente alemana reconoció a Ucrania formalmente como Estado independiente y recibió a cambio considerables envíos de grano. Los bolcheviques, bajo presión, finalmente acordaron el 3 de marzo de 1918, en condiciones desfavorables, el acuerdo de paz de Brest-Litovsk. Por este acuerdo aceptaron la independencia de Polonia, de Ucrania, de Georgia y otros estados y, con ello, la secesión de una cuarta parte de la población y de la superficie agrícola. Tras la derrota de Alemania en el frente occidental, el Tratado de Versalles invalidó posteriormente estos acuerdos.

Las ideas de expansión del ejército y de los intelectuales alemanes se ilustran en el cartel “Ucrania: el país y su población” (Die Ukraine. Land u. Volk), que supuestamente se instaló en 1918 en todas las escuelas alemanas. El cartel había de probar la derrota definitiva de “la potencia rusa”, que, como consecuencia de la pérdida de territorios ucranianos –especialmente la famosa “región de la tierra negra”–, había perdido su “columna vertebral económica”. A causa de su inmensa importancia política y económica, se prometió a Ucrania una existencia segura que únicamente podía darse bajo una protección duradera alemana y que habría de comportar también mucho para Alemania. “La producción agrícola de Ucrania en tiempos de paz podría garantizar las necesidades de las potencias centrales, sus ricas reservas de carbón, hierro, sal y petróleo dejarían a Europa central un excedente”, afirmaba el cuerpo central del cartel. Las autoridades querían insuflar de este modo nuevas esperanzas a la población alemana, que padecía las consecuencias de la economía de guerra.

Más allá de ello, el cartel documenta indirectamente el desconocimiento de amplias franjas de la opinión pública alemana sobre Europa oriental y el Imperio ruso. Los conocimientos sobre los pueblos del Este, sobre sus costumbres y sobre las regiones en las que vivían apenas estaban disponibles salvo para un pequeño círculo de interesados.

El diagrama y los mapas, en los que se comparaba a Ucrania con estados de Europa occidental, septentrional y meridional, revelan que el “compás mental” de los alemanes no estaba calibrado de ningún modo hacia el Este. - PS

Traducción: Àngel Ferrero

Fuente: Unsere Russen, unsere Deutschen. Bilder vom anderen. Deutsch-Russisches Museum Berlin-Karlhorst (2007)

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Entre el periodisme i la traducció.

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