Las protestas contra el gobierno y los asesinatos contra activistas continúan en Colombia pese a la más bien escasa cobertura informativa, sobre todo en comparación con otros países del subcontinente.

Bandera de Colombia en Bogotá. Imagen: Pedro Felipe | Wikipedia (CC BY-SA 4.0)

Comencemos por el dato: según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), en lo que va de año más de 220 dirigentes sociales y sindicales han sido asesinados en Colombia, sin que ello provoque ningún respingo en las redacciones de los principales medios. En latín se llama tu quoque: un viejo recurso retórico consistente en desviar la atención sobre un razonamiento apuntando a la inconsistencia, frecuentemente moral, y por tanto hipocresía, de quien lo propone, y que se considera una falacia porque la conclusión no se sigue de las premisas. Al lector le sonará más por la descripción que por el nombre, y quizá incluso más por su nombre en inglés: whataboutism. Como a comienzos de año señalaba Vincent Bevins en The Outline, con el tiempo la acusación de whataboutism se ha convertido ella misma en una suerte de falacia, una arma arrojadiza frecuente en foros poco dados a la reflexión como las redes sociales y muchos de los espacios en los medios de comunicación.

“La mejor defensa contra la acusación de hipocresía”, escribía Bevins, “es sencillamente no ser hipócrita”. Quienes acusan a otro de whataboutism son “personas que golpean hacia abajo, no hacia arriba”, explicaba el autor: “La nación que es más poderosa, o que está más segura de su superioridad moral, le dice a la ‘nación mala’ que es mala, y, cuando la ‘nación mala’ quiere contraatacar o decir ‘a ti realmente no te importan los derechos humanos, lo único que quieres es aplastar a tus enemigos’ o ‘en realidad somos la opción menos mala aquí’, la ‘nación buena’ oficial se muestra consternada por su impertinencia: ‘¡Cómo te atreves! Yo establezco los términos del debate, no tú, nadie me está juzgando a mí aquí, es a ti a quien estamos juzgando.’ […] El whataboutism es molesto para quienes están en el poder porque es efectivo: no dejéis que empleen un término frankensteiniano falsamente erudito y francamente incoherente para desacreditar a sus críticos.” Si usted es un consumidor hardcore de medios, guarde este parágrafo en alguna parte porque vale para otros muchos casos.

Valga esta prolija introducción para hablar el tema que hoy nos ocupa y que, con mucha suerte, sonará al lector por la escasa atención que nuestros medios han dedicado al tema, a pesar de que según el Instituto Nacional de Estadística en España viven 206.179 ciudadanos de ese país. No hablamos ni de Venezuela, ni de Cuba ni de Nicaragua –tras el golpe de Estado, Bolivia ya no cuenta como eje del mal–, sino de Colombia. El 30 de septiembre el presidente de la Junta de Acción Comunal de la Vereda Sabanitas, Jorge Quintaron, fue asesinado por sicarios en Dosquebradas. Un día después era asesinado el profesor Campo Elías Galindo, coordinador del movimiento de izquierdas Colombia humana en la ciudad de Antioquia. Quien esto escribe –que no es especialista en la región– se enteró por dos notas de las agencias Europa Press y EFE que se reprodujeron en algún medio sin editar. De un modo no muy diferente se despacharon las protestas contra la corrupción, la brutalidad policial y las políticas económicas del gobierno de Iván Duque Márquez así como a favor del proceso de paz, y que han dejado al menos 17 muertos y cientos de heridos. De acuerdo con la ONU, desde comienzos de este 2020 Colombia ha registrado al menos 42 masacres, la cifra más elevada desde que se firmó en 2016 el acuerdo de paz con las FARC. En su informe, la ONU también condena la violencia contra antiguos combatientes de las FARC, 50 de los cuales han sido asesinados este año, unos 224 excombatientes desde la firma del acuerdo de paz.

Por no quedarnos con los ejemplos obvios, si uno atraviesa Colombia desde Cúcuta hasta Ipales sorteando las fosas comunes llega hasta Ecuador, otra nación que ha desaparecido misteriosamente de la actualidad informativa. Una pista: “Ecuador avanza en la liberalización del mercado de combustibles un año después de las protestas” (El País, 30/09/2020). El presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, y los ministros de Energía y Finanzas firmaron un nuevo decreto que eliminaba el monopolio en la importación de combustibles para uso industrial y comercial de Petroacuador, la petrolera estatal, y liberalizaba el mercado. “Las empresas públicas que, hasta ahora, se encargaban de adquirir y distribuir el combustible que ingresaba el país con exclusividad deberán facilitar la infraestructura a los nuevos actores, según la orden presidencial, a cambio de una tarifa ‘razonable’”, precisaba el rotativo. Pero mejor no informemos mucho, no sea que nos acusen de tu quoque o, como dicen ahora, de whataboutism.

Joe Biden, arquitecto del ‘Plan Colombia’

¿Por qué no se informa bien de Colombia? La respuesta no es muy compleja. Tras dar cuenta de su fidelidad al consenso de Washington, en 2018 se convirtió en el primer ‘global partner’ de la OTAN en Latinoamérica. Colombia también se ha colado en la campaña electoral en EEUU: estos días los medios recordaban cómo Joe Biden se jactó en una entrevista en julio con la CNN de ser “uno de los arquitectos del Plan Colombia”, el apoyo multimillonario al ejército de ese país para poner fin al conflicto.

Publicado en El Quinze, 9 de octubre de 2020.

Entre el periodisme i la traducció.

Entre el periodisme i la traducció.